20 de febrero de 2026 – La controversia sobre el uso del burka en España ha sumado una voz inesperada dentro de la propia comunidad musulmana. Abdelmalik Mohamed, presidente de la Asociación de Consumidores Halal (ACOHA) y secretario general de la Asociación Gremio de Imames de España (AGIE), ha manifestado públicamente que el burka debería prohibirse al considerar que se trata de una prenda “ajena al islam”.
En una entrevista publicada por El Debate, Mohamed sostiene que ni el burka ni el niqab forman parte de las obligaciones religiosas islámicas. “No es una prenda islámica”, afirma, subrayando que su uso responde más a tradiciones culturales de determinados países que a un mandato doctrinal recogido en el Corán.
“Confundir cultura con religión perjudica al islam”
Para el dirigente musulmán, asociar estas prendas con la fe islámica genera una imagen distorsionada de la religión y contribuye a la estigmatización de millones de creyentes que no comparten esas prácticas. En su opinión, el islam establece principios de modestia tanto para hombres como para mujeres, pero no impone cubrir el rostro en la vida pública.
Mohamed defiende que, si el Estado decide regular o incluso prohibir el uso del burka en espacios públicos por motivos de seguridad o convivencia, esa medida no supondría un ataque a la libertad religiosa, ya que —insiste— no se trata de un precepto religioso esencial.
Libertad religiosa y límites
El presidente de ACOHA distingue entre el hiyab y el burka o niqab. Mientras considera que el pañuelo islámico forma parte de la libertad individual y religiosa de la mujer musulmana, entiende que el burka —que cubre completamente el rostro— responde a contextos socioculturales concretos y no a una exigencia espiritual.
En este sentido, recalca que la libertad religiosa no puede utilizarse para justificar prácticas que no tienen fundamento teológico claro. “El islam no obliga a ocultar el rostro”, viene a sostener en sus declaraciones.
Una voz interna en medio del debate político
Las palabras de Abdelmalik Mohamed irrumpen en un debate que hasta ahora ha estado protagonizado principalmente por partidos políticos y organizaciones civiles. Su posicionamiento introduce un matiz relevante: el cuestionamiento del burka no solo proviene de sectores críticos con el islam, sino también desde dentro de la propia comunidad musulmana organizada.
Su intervención reabre así la reflexión sobre la diferencia entre religión y tradición cultural, así como sobre el equilibrio entre derechos fundamentales y normas de convivencia en una sociedad plural.
Con su postura, Mohamed sitúa el foco en una idea central: la defensa del islam, a su juicio, pasa también por desmarcarlo de prácticas que considera impropias de su esencia doctrinal.



