Por Ramón Rodríguez Casaubón
Me veo en la necesidad —casi en la obligación— de acudir nuevamente a José Ortega y Gasset y a su obra Meditaciones del Quijote, donde aparece la célebre frase: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. Una reflexión que resulta sumamente ilustrativa para analizar la reciente crisis en la Dirección Provincial de Educación en Ceuta.
El “yo” de esta situación es la propia Dirección Provincial, representada por su máximo responsable, Miguel Señor. Este “yo” actúa, decide y ejecuta, pero su identidad y su eficacia están intrínsecamente ligadas a aquello que le rodea. En ese entorno se encuentra, inevitablemente, la Delegación del Gobierno, encabezada por el señor Pérez Triano.
La “circunstancia”, por su parte, remite al singular contexto ceutí: un escenario complejo, con tensiones propias y dinámicas particulares. Sin embargo, lo que se proyecta hacia la ciudadanía es una imagen de caos administrativo, improvisación y opacidad. La secuencia de acontecimientos habla por sí sola: se anuncia el cese del director provincial, se revoca días después y, finalmente, se vuelve a ejecutar. Un episodio que genera desconcierto, incertidumbre y que convierte al protagonista en el director más cesado —al menos en un mismo cargo— de la historia reciente.
Todo ello envuelto en una densa niebla de falta de transparencia, apenas cuestionada por algunas voces como CCOO o Podemos. La sensación predominante es que han primado los intereses políticos y las tensiones personales sobre el verdadero objetivo: el buen funcionamiento del sistema educativo ceutí.
La gestión, además, parece condicionada por discrepancias entre la Delegación del Gobierno en Ceuta y responsables ministeriales en Madrid. Y es en ese contexto donde el señor Pérez Triano viaja a la capital y regresa no con soluciones estructurales, sino con una decisión que agrava la percepción de inestabilidad: el cese definitivo de Miguel Señor.
La consecuencia es evidente: una ciudadanía perpleja ante lo que roza el esperpento institucional.
Es aquí donde cobra pleno sentido el aforismo de Ortega: “Si no la salvo a ella (la circunstancia), no me salvo yo”. La Dirección Provincial no puede preservar su credibilidad, profesionalidad o autoridad si no es capaz de ordenar su entorno, disipar la incertidumbre y actuar con transparencia. Una institución que se gestiona desde la improvisación, sin explicaciones técnicas claras, queda inevitablemente abocada a la deslegitimación.
En este contexto, la actuación de Pérez Triano abre interrogantes inevitables: ¿qué credibilidad puede sostener, a partir de ahora, al reivindicar la importancia de la educación dentro del proyecto político del PSOE en Ceuta? No solo ha sumido a la Dirección Provincial en una crisis de legitimidad, sino que ha trasladado el conflicto al propio corazón institucional, en la Plaza de los Reyes.
Intentar gobernar ignorando la estabilidad y la transparencia —es decir, la circunstancia— conduce irremediablemente a una situación insostenible. Más que consolidarse como alternativa de gobierno, el PSOE ceutí ofrece, con este episodio, una imagen de debilidad estructural que contrasta con la estabilidad que pretende cuestionar.
Para concluir, conviene recordar una reflexión que resume con acierto lo sucedido: “Quien se sube a la escena pública para demostrar sus carencias, deja de ser actor de reparto para convertirse en protagonista de su propio drama”.
Porque, al final, cuando la política se aleja de la responsabilidad, la escena deja de ser institucional para convertirse, simplemente, en un espectáculo.



