Ángel García Espinar
La reciente inauguración de la pista polideportiva del Sarchal ha abierto un necesario debate sobre la gestión y el mantenimiento de los polideportivos de barriadas. Se trata de instalaciones municipales construidas con el dinero de todos los ciudadanos y que, por tanto, deben estar al servicio del conjunto de la comunidad.
Sin embargo, en demasiadas ocasiones la gestión de estas pistas queda en manos de presidentes de asociaciones o de determinados clubes deportivos que terminan utilizándolas a su conveniencia. Esto provoca que se establezcan alquileres o usos preferentes que no siempre responden al interés general, sino al de unos pocos.
La consecuencia es clara: muchos chicos y chicas de las barriadas, que deberían ser los principales beneficiarios de estas instalaciones, se encuentran con que no pueden hacer uso de ellas porque están ocupadas por clubes que ni siquiera pertenecen a la asociación vecinal o que monopolizan los horarios disponibles.
Las instalaciones deportivas municipales deben ser espacios abiertos, accesibles y gestionados con criterios de transparencia y equidad. Corresponde al Ayuntamiento asumir el control, la gestión y el mantenimiento de estos espacios, garantizando que su uso responda verdaderamente al interés público y que los jóvenes de los barrios puedan disfrutarlos en igualdad de condiciones.
El deporte de base, la convivencia y la vida en los barrios dependen también de que estas instalaciones se gestionen de forma justa y responsable. Si han sido pagadas por todos, deben estar al servicio de todos.



