En una jornada que el propio presidente Donald Trump ha calificado como «un día histórico» para Estados Unidos, la Casa Blanca ha anunciado una contundente batería de aranceles dirigidos a múltiples países, desatando la polémica y el temor a una guerra comercial global.
Trump firmó este miércoles una «orden ejecutiva histórica» que establece aranceles específicos a diversas naciones: China (34%), la Unión Europea (20%), Taiwán (32%), Japón (24%) y un arancel base universal del 10% para todos los países. Además, se aplicará un arancel del 25% a los automóviles extranjeros.
«Nos han timado durante más de 50 años, pero eso no volverá a ocurrir», proclamó Trump desde el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca, asegurando que el proteccionismo devolverá a EE.UU. su «Edad dorada» tras décadas de pérdida de empleos e industria.
La decisión ha generado reacciones divididas. Los sectores trumpistas del Partido Republicano aplauden la medida como un paso hacia la independencia económica, mientras que la facción neoliberal y los demócratas han mostrado escepticismo. Edward Fishman, experto en política económica, advirtió que Trump ve los aranceles como «balas mágicas» para resolver problemas complejos, mientras que Olivier Blanchard, del MIT, señaló que medidas tan amplias generarían distorsiones económicas.
Los mercados financieros ya reflejan el nerviosismo. Wall Street ha tenido un trimestre turbulento, mientras que el oro alcanza máximos históricos ante la búsqueda de refugio. Según el Yale Budget Lab, un arancel generalizado del 20% costaría al consumidor estadounidense entre 3.400 y 4.200 dólares más al año.
El impacto a largo plazo es incierto, pero el secretario del Tesoro, Scott Bessent, habló de un «ajuste natural» y «desintoxicación» económica. Goldman Sachs estima una probabilidad del 35% de una recesión. Las decisiones de Trump marcarán un antes y un después en el comercio global, abriendo un periodo de gran incertidumbre.