El celibato voluntario se ha posicionado como una de las tendencias más comentadas en redes sociales entre la juventud, motivada por relatos personales, creadores de contenido y también figuras públicas como la cantante Rosalía, que en octubre pasado se presentó como “volcel”, reconociendo que decidió abstenerse temporalmente de relaciones sexuales y afectivas.
Lejos de estar asociado a creencias religiosas o la ausencia de deseo, los especialistas describen este celibato como una elección consciente para interrumpir la vida sexual, romántica y de citas. “Consiste en dejar de mantener relaciones sexuales y afectivas, así como en abandonar aplicaciones de encuentros con objetivos románticos o sexuales”, explica a EFE la psicóloga y sexóloga clínica Cristina Brull.
La sexóloga Anna Sánchez complementa que esta práctica no implica la desaparición del deseo, ya que quienes la adoptan suelen seguir recurriendo a la masturbación o al consumo de material erótico. En la misma línea, la psicoterapeuta y terapeuta sexual Silvia Sanz destaca que, en muchos casos, representa un receso temporal ligado a necesidades emocionales específicas.
Presencia destacada en redes sociales pero con aplicación restringida
En plataformas como Instagram, TikTok o YouTube abundan vídeos de jóvenes que se identifican con esta tendencia. La creadora de contenido Aloma Martínez, conocida como Aloma Bye, reveló en un vídeo viral que llevaba dos años sin mantener relaciones románticas con hombres, aclarando que no fue una elección planificada sino una necesidad de descanso emocional. Por su parte, Gigi Vives afirmó en un pódcast que decidió el celibato tras acumular experiencias negativas en sus relaciones.
No obstante, los expertos matizan el impacto real del fenómeno. Brull comenta que en su práctica clínica no ha atendido casos directamente relacionados y opina que su auge obedece más a la difusión en redes que a un cambio profundo en comportamientos. Sánchez señala que esta situación no es inédita: “Siempre ha habido personas que requerían un tiempo, pero ahora se le ha dado un término específico”.
El psicólogo y sexólogo Roberto Sanz, de la Fundación Sexpol, coincide en que las redes sociales etiquetan conductas habituales, lo que puede causar malentendidos. A su juicio, el celibato voluntario tiene escasas probabilidades de consolidarse socialmente debido al elevado valor que continúa asignándose a la sexualidad en la vida cotidiana.
Autocuidado, desinterés y transformación en valores
Entre los motivos que justifican esta tendencia, Silvia Sanz resalta un cambio generacional en la percepción del amor y el sexo. “Para muchos jóvenes funciona como una forma de autocuidado, protección emocional y cuestionamiento de modelos heredados”, señala. La prioridad al desarrollo personal, académico o profesional, así como la respuesta a experiencias afectivas adversas, son factores comunes.
Sánchez indica que esta práctica ocurre mayoritariamente en mujeres heterosexuales, cansadas de dinámicas relacionales que no satisfacen sus expectativas. Brull relaciona el fenómeno con conceptos como el “heteropesimismo” o el “amor líquido”, donde la falta de compromiso y la irresponsabilidad afectiva derivan en desafección.
Discusión social y marco político
Las sexólogas vinculan la popularidad del celibato voluntario con un contexto de creciente presión patriarcal y violencia simbólica hacia las mujeres. En paralelo, han surgido términos como body count, que cuantifican las parejas sexuales femeninas y asocian su valor a la experiencia sexual.
“El empoderamiento no debería medirse en función de cómo se vive la sexualidad”, advierte Brull. “Una mujer puede respetarse y valorarse tanto si elige abstenerse como si mantiene una vida sexual activa y diversa”.
Así, más allá de una moda pasajera, el celibato voluntario plantea un debate sobre las relaciones, la intimidad y los valores que influyen en las nuevas generaciones en un entorno cada vez más expuesto y polarizado.


