El equipo de Ancelotti vuelve a hacer gala de su ADN competitivo y logra una épica clasificación a la final de la Copa del Rey tras vencer a la Real Sociedad en un partido de emociones extremas. Un duelo que comenzó con un dominio irregular del Madrid, se transformó en una batalla de resistencia y acabó con el enésimo acto heroico de Rüdiger.
A diez minutos del final, el conjunto blanco estaba virtualmente eliminado tras dos desafortunados autogoles de David Alaba. Sin embargo, una remontada impulsada por Bellingham y Tchouameni llevó el partido a la prórroga. La Real Sociedad, lejos de rendirse, volvió a poner contra las cuerdas al Madrid con un gol de Oyarzabal en el tiempo extra. Cuando parecía que todo se definiría en los penales, Rüdiger apareció con un cabezazo salvador que selló el pase a la final.
Un partido que desafió la lógica
El encuentro comenzó con un gol tempranero de Barrenetxea para la Real, aprovechando un descuido defensivo del Madrid. A pesar de los intentos blancos por igualar, el equipo de Ancelotti mostró las mismas intermitencias que han caracterizado su temporada: ráfagas de dominio combinadas con momentos de desconexión. Fue Endrick quien, con una definición magistral tras un pase de Vinicius, logró el empate momentáneo.
El segundo tiempo trajo consigo más drama. Un penalti claro sobre Bellingham ignorado por el VAR y un Madrid que parecía no encontrar el ritmo. Cuando el equipo donostiarra aprovechó un error defensivo para adelantarse con los autogoles de Alaba, el Bernabéu enmudeció. Sin embargo, en un nuevo giro de guion, Vinicius y Bellingham encendieron la chispa de la remontada, hasta que Tchouameni llevó el duelo a la prórroga con un cabezazo contundente.
La prórroga y la aparición estelar de Rüdiger
Con la Real Sociedad desgastada, el Madrid tomó el control en el tiempo extra. A pesar de la resistencia de los vascos, Rüdiger se convirtió en el héroe inesperado con un cabezazo en el último suspiro que desató la locura en el estadio.
Ancelotti y sus jugadores celebraron una victoria que les lleva a la final de Copa, pero también deja una lección: no siempre se puede depender de la épica. El Madrid ha demostrado una vez más su espíritu indomable, pero necesita regularidad si quiere levantar el título.
La final espera y el equipo blanco, fiel a su historia, promete más emociones.
