Especialistas y autoridades alertan sobre cómo grupos como la ’Ndrangheta y la Camorra han transformado los estadios en focos clave para actividades como el blanqueo de capitales, el tráfico de drogas y la obtención de legitimidad social.
Mientras para millones el fútbol es una pasión sin límites, para el crimen organizado en Italia representa una oportunidad comercial ideal. Investigadores del fenómeno mafioso, como el periodista y autor Antonio Nicaso, han señalado que esta realidad ya no se restringe al fútbol amateur, sino que está consolidada en escenarios profesionales como San Siro, el Allianz Stadium y el Diego Armando Maradona.
El fútbol como protección y mercado
De acuerdo con Nicaso, especialista en la ’Ndrangheta —la mafia calabresa con ingresos que superan los 50.000 millones de euros anuales—, la implicación de estas organizaciones en el fútbol obedece a una doble estrategia:
- Obtención de consenso social y prestigio: Controlar una entidad deportiva permite a los líderes mafiosos arraigarse en la comunidad, aumentar su visibilidad y conectar con empresarios y autoridades locales. Según Nicaso, «es un método para legitimar su poder».
- Dominio del espacio físico: Los estadios operan como grandes puntos de comercio. Bajo la supervisión de grupos Ultra, las mafias administran desde la venta ilegal de entradas y productos falsificados hasta la distribución de cocaína en las gradas.
«Las organizaciones mafiosas han identificado este espacio estratégico. Capturar un club les brinda visibilidad, prestigio y conexiones, lo cual constituye una acción destinada a legitimar su poder». — Antonio Nicaso.
De Turín a Milán: Casos que convulsionan la Serie A
La presencia mafiosa en el fútbol no es una mera sospecha, sino una problemática constatada judicialmente. El proceso «Alto Piemonte», realizado hace diez años, evidenció cómo la Juventus quedó, en términos judiciales, «bajo control» de grupos ultras vinculados a clanes calabreses (Pesce-Bellocco) para manejar la distribución de entradas.
En fechas más recientes, la operación «Doppia Curva» en Milán destapó presuntas vinculaciones entre las hinchadas organizadas del Inter y AC Milan. La investigación de la Fiscalía milanesa sugiere acuerdos ilícitos para incrementar los precios de reventa y extorsiones, implicando incluso a figuras como Simone Inzaghi y Javier Zanetti, quienes testificaron en calidad de testigos.
El «laboratorio» del fútbol de categorías inferiores
El informe también resalta situaciones insólitas en divisiones inferiores, como el caso de la Juve Stabia. Tras su quiebra, el club fue comprado por un fondo con base en Irlanda que movilizó capitales mediante complejas rutas financieras que pasaron por Macedonia y Mongolia antes de llegar a Campania. Este tipo de estructuras financieras suelen emplearse para disimular la procedencia real de los fondos bajo la apariencia de «filántropos» extranjeros.
¿Un futuro sin «hooligans»?
A pesar de este panorama preocupante, existen razones para el optimismo. Nicaso señala que las fuerzas de seguridad y la magistratura italiana han reforzado su vigilancia y controles. El objetivo es alcanzar un escenario similar al «modelo inglés» instaurado por Margaret Thatcher, destinado a eliminar la violencia arraigada en los estadios, aunque reconoce que la omertà —el código de silencio— aún representa un gran desafío en Italia.
El debate más reciente, que involucró al escritor Roberto Saviano y sus críticas a la dirección del Inter tras un polémico derbi, ilustra la complejidad del asunto: en Italia, las líneas que separan el deporte, la política y la criminalidad continúan siendo especialmente delicadas.


