Hasta siempre, amigo mío
Querido amigo:
Hoy me siento frente a esta carta con el corazón lleno de emociones que cuesta poner en palabras. Me cuesta aceptar que ya no estás aquí, que el tiempo nos ha quitado tu presencia, pero no la huella profunda que dejaste en mi vida. Más de veinte años de amistad no se borran, no se olvidan, no se deshacen; se quedan grabados como una parte esencial de lo que uno es.
A veces me sorprendo sonriendo solo, recordando aquellas comidas de empresa en las que siempre conseguías que termináramos riéndonos como críos, porque tú tenías ese don, esa forma de hacer fácil hasta lo más complicado, de darle la vuelta a los problemas con una broma o una mirada cómplice. Y cómo olvidar nuestras escapadas de pesca, cuando parecía que el mundo entero se detenía allí, entre cañas y silencios que no pesaban. Hablábamos de todo y de nada, y todo tenía sentido.
Los desayunos de los sábados se me están haciendo especialmente difíciles. Era nuestro ritual, nuestra tradición, nuestro momento de desconexión, de ponernos al día, de empezar el fin de semana con esa calma que solo tú sabías transmitir. Y las Navidades… qué distinto será todo sin nuestra tradición de churros con chocolate. Era una tontería, sí, pero era nuestra tontería, una costumbre que se fue convirtiendo en símbolo de amistad, de cariño y de años compartidos.
Javi, amigo, has sido mucho más que un compañero. Has sido un amigo de verdad, de esos que se cuentan con los dedos de una mano. Un apoyo constante, alguien capaz de escuchar sin juzgar, de estar sin hacer ruido, de ofrecer una mano o una sonrisa justo cuando más se necesitaba. Jamás te podré agradecer la lealtad que me mostraste siempre.
Siempre has sido un guerrero. Incluso en los momentos más duros de tu enfermedad, seguiste dando lecciones de fortaleza, de dignidad y de amor por la vida. Porque eras un luchador, nunca te rendiste, y eso siempre lo llevaré conmigo.
Sé que el vacío que dejas es grande, enorme, pero también sé que me queda algo muy valioso: cada recuerdo, cada risa, cada conversación que compartimos. La amistad que construimos con el tiempo seguirá viva en mí; en cada sábado que desayune pensando en ti, en cada Navidad en la que el olor de los churros me traiga tu nombre, en cada risa que me recuerde las tuyas.

Te echo de menos, amigo, mucho. Y aunque duela, también estoy agradecido por haberte conocido, por haber tenido la suerte de caminar a tu lado tanto tiempo. Ojalá allí donde estés encuentres la paz, la luz y la alegría que siempre regalaste a los demás.
Hasta siempre, mi querido y apreciado amigo. Te llevaré conmigo, hoy y todos los días de mi vida.
Con todo mi cariño,
Juan A. Gutiérrez Torre


