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Entierro de la Sardina 2026: origen y significado de la tradición que pone fin al Carnaval

El Miércoles de Ceniza señala el cierre de los excesos carnavalescos y el comienzo de la Cuaresma con un desfile fúnebre lleno de simbolismo e ironía

Este miércoles 18 de febrero, España conmemora el Miércoles de Ceniza, fecha que en el calendario litúrgico indica el inicio de la preparación para la Pascua. En el ámbito popular, sin embargo, marca la despedida final de Don Carnal. El Entierro de la Sardina destaca como la ceremonia emblemática que clausura el Carnaval, una tradición arraigada en diversos municipios españoles y latinoamericanos que mezcla el luto simulado con la crítica social.

Un cortejo fúnebre que combina sátira y luto

La celebración consiste en una marcha irreverente donde el protagonista es la sardina, utilizada para hacer una crítica simbólica a las normas cuaresmales y al ayuno habitual. El desfile está formado por un grupo singular de viudas, autoridades, sacerdotes y militares, todos vestidos de negro riguroso, que acompañan con lamentos fingidos un pequeño ataúd o carroza que contiene la figura del pez.

El acto suele terminar con la quema o el enterramiento de una figura simbólica, lo que representa el abandono del pasado y de los excesos cometidos durante los días de fiesta, para dar paso a la sobriedad y reflexión propias del período previo a la Semana Santa.

Si bien esta celebración tiene lugar en diversas localidades del país, como Madrid y Badajoz, sobresale la costumbre en Murcia, donde el significado cambia. En la capital murciana, el evento se realiza la semana después de la Semana Santa y simboliza, en contraste con el resto de España, la victoria de la alegría sobre la seriedad.

El origen: un cargamento deteriorado y la ironía madrileña

La explicación más aceptada del origen de la tradición se sitúa en el Madrid del siglo XVIII, durante el reinado de Carlos III. Se cuenta que llegó un cargamento de sardinas destinadas a la vigilia cuaresmal, pero debido al tiempo de transporte desde la costa, el pescado estaba en mal estado.

Siguiendo la indicación de enterrarlas en las afueras de la ciudad, concretamente en la orilla del Manzanares cerca de la Casa de Campo, los madrileños decidieron acompañar el enterramiento con un falso cortejo fúnebre, demostrando su humor característico en época de Carnaval. Esta representación cautivó tanto a la sociedad de entonces que se instauró como una tradición anual, inmortalizada por Francisco de Goya en uno de sus lienzos más conocidos, y que se extendió posteriormente a diferentes regiones de España y América Latina.

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