El domingo 29 de marzo de 2026, España realizará el cambio horario habitual para iniciar el periodo de horario de verano. Esta modificación se efectúa simultáneamente en todos los países miembros de la Unión Europea, siguiendo la normativa establecida por la Comisión Europea.
Aunque la eficacia de esta medida ha sido objeto de discusión en varios ámbitos sociales, la legislación vigente establece que todos los Estados miembros deben adelantar la hora el último domingo de marzo. El propósito de este cambio es aprovechar al máximo la luz solar durante las horas en que la mayoría de la población permanece activa.
En esta ocasión, los habitantes de España perderán una hora de sueño, ya que a las 2:00 de la madrugada los relojes se adelantarán a las 3:00, generando un ajuste brusco en el ritmo biológico de las personas.
Tras el cambio, el amanecer ocurrirá más tarde, aunque las tardes contarán con mayor luminosidad. Este nuevo horario provoca opiniones encontradas entre expertos en ciencia y economía, quienes no coinciden en cuanto a los beneficios concretos de la medida.
La práctica de modificar la hora dos veces al año tiene raíces históricas en periodos de crisis energética, como la Primera Guerra Mundial, cuando países como Reino Unido, Francia y Alemania implementaron la medida para reducir el consumo de carbón.
En España, esta costumbre ha tenido adopciones irregulares hasta que en 1974 se estableció de forma continua, en respuesta a la crisis del petróleo. Actualmente, el cambio horario está regulado por una directiva europea que busca armonizar los horarios en todo el continente y facilitar el comercio y las relaciones internacionales.
A pesar de su justificación histórica, hoy existen cuestionamientos importantes sobre su efectividad. Numerosos científicos argumentan que el ahorro energético, que se considera el principal motivo, no se ha demostrado de manera clara en la actualidad.
Desde el punto de vista de la salud, alterar el ritmo circadiano natural provoca efectos adversos. El avance de la hora afecta la producción de melatonina, lo que puede generar fatiga, irritabilidad y trastornos del apetito, síntomas semejantes a los que aparecen tras un jet lag.
Dadas estas repercusiones, algunas organizaciones, como la Sociedad Española del Sueño, recomiendan la adopción de un horario fijo, preferiblemente el de invierno, que se considera más beneficioso para la salud pública.
En la era tecnológica actual, la mayoría de dispositivos electrónicos ajustan automáticamente la hora, minimizando los inconvenientes para gran parte de la población. Sin embargo, quienes utilizan relojes analógicos o aparatos sin conexión deberán modificar la hora manualmente para evitar alteraciones en sus rutinas.
Para facilitar la adaptación al cambio, especialistas sugieren prepararse con anticipación. Modificar gradualmente los horarios de sueño y alimentación antes del ajuste ayuda a que el organismo se adapte mejor. Además, la exposición a la luz solar matutina tras el cambio es fundamental para reestablecer la sincronización corporal.
Con la proximidad del cambio horario, la discusión sobre su posible eliminación en Europa continúa. Una encuesta realizada en 2018 indicó que una amplia mayoría está a favor de suprimir esta práctica, aunque las diferencias entre países dificultan un acuerdo común. El Gobierno español ha planteado que 2026 podría ser el último año con cambios horarios, buscando consenso en Bruselas.


