La Guardia Revolucionaria señala una «zona de peligro» en las rutas convencionales y obliga a los buques a navegar por aguas iraníes bajo su control
A pesar del alto al fuego acordado el miércoles entre Estados Unidos y Teherán, la normalización del Estrecho de Ormuz sigue siendo un objetivo distante. Este jueves, medios semioficiales iraníes dieron a conocer un mapa preparado por la Guardia Revolucionaria que alerta sobre la existencia de minas marinas en las rutas de navegación tradicionales. Analistas consideran que esta acción busca afianzar el dominio total sobre el estrecho, por donde circula el 20% del petróleo global.
El gráfico muestra un amplio círculo denominado «zona de peligro» ubicado en aguas internacionales que antes usaban los cargueros. Como alternativa, la Guardia Revolucionaria recomienda que las embarcaciones se desvíen hacia el norte, ingresando a aguas territoriales iraníes y aproximándose a la isla de Larak. Esta ruta obliga a los buques a someterse al control de Teherán y, probablemente, a pagar los peajes informales de hasta dos millones de dólares aplicados durante el conflicto.
El control del Estrecho como instrumento de negociación
La difusión de este mapa representa un reto directo a Donald Trump, quien tras acordar la tregua aseguró que Ormuz sería totalmente abierto. Sin embargo, el régimen iraní ha incorporado la soberanía sobre este paso estratégico en su plan de 10 puntos para las negociaciones de paz que comenzarán mañana en Islamabad (Pakistán).
La incertidumbre mantiene el tráfico marítimo en niveles críticos. Según datos de plataformas de seguimiento, ayer solo cruzaron el estrecho cuatro buques, una cifra muy baja comparada con los 130 tránsitos diarios usuales antes del conflicto. La precaución domina entre los armadores; grandes navieras como Maersk han confirmado que evitarán la zona mientras no haya garantías totales de seguridad.
La gestión de los peajes
Cerca de 2.000 embarcaciones permanecen varadas en el golfo Pérsico. Mientras tanto, el presidente estadounidense ha sorprendido a la comunidad internacional al manifestar que estudia crear una «empresa conjunta» con Irán para administrar y cobrar un peaje oficial en Ormuz. Esta iniciativa implicaría un cambio considerable en la política de Trump, pasando de la amenaza al régimen a establecerlo como socio en un negocio rentable que de facto consolida el control iraní sobre esta vía estratégica.


