La reciente decisión de la FIFA de impulsar la construcción de 30 miniestadios en Marruecos, en el marco del programa FIFA Arena, no es solo una noticia deportiva: es una apuesta estratégica, social y profundamente humana. Una apuesta por Marruecos y, sobre todo, por su infancia y su juventud.
Que el máximo organismo del fútbol mundial califique esta alianza como “única, sin precedentes e histórica” dice mucho del camino que ha emprendido el Reino de Marruecos en los últimos años. Marruecos no solo invierte en grandes infraestructuras o en grandes eventos, sino que entiende que el verdadero futuro del fútbol y de la sociedad se construye desde la base, desde la calle y desde la escuela.
Llevar el fútbol a los colegios públicos y a los barrios significa devolverle su esencia más pura. Significa que cualquier niño, independientemente de su origen social o de su lugar de residencia, pueda acceder a instalaciones dignas, seguras y modernas para desarrollar su talento. Significa igualdad de oportunidades. Y eso, tanto en el deporte como en la vida, lo es todo.
Estos miniestadios no serán únicamente campos de juego. Serán espacios de aprendizaje, convivencia y transmisión de valores. Lugares donde se fomente el esfuerzo, el respeto, la disciplina y el trabajo en equipo. Donde el deporte actúe como una poderosa herramienta de educación, inclusión y cohesión social, en plena sintonía con la visión de un Marruecos moderno, ambicioso y comprometido con sus jóvenes.
La FIFA ha sabido ver en Marruecos un socio fiable y un referente para África. Y Marruecos ha demostrado que su proyecto deportivo va mucho más allá del éxito competitivo: apuesta por un legado duradero, por una base sólida y por un fútbol que llegue realmente a todos.
Gracias a esta iniciativa, miles de niños y niñas podrán soñar con un balón en los pies y un campo en condiciones a su alcance. Algunos llegarán lejos, otros no, pero todos habrán tenido la oportunidad de intentarlo en las mejores condiciones posibles. Y ese es, sin duda, el mayor triunfo.
Porque cuando el fútbol vuelve a la calle y a los colegios, gana el deporte. Pero, sobre todo, gana el futuro.



