Los osos pardos y polares exhiben modificaciones en tamaño, comportamiento y adaptaciones genéticas como respuesta a la caza, al cambio climático y a la interacción con humanos.
En diversas partes del mundo, estudios recientes indican que los osos están alterando su conducta, morfología y genética debido a presiones derivadas de actividades humanas. Desde los osos pardos de los Apeninos hasta los polares localizados al sur de Groenlandia, estas variaciones reflejan el impacto de la historia de caza, el abandono del campo y el calentamiento global en estas especies.
En la cordillera Cantábrica, las hembras con crías empiezan a abandonar sus refugios en fechas cada vez más tempranas, lo que las expone a amenazas como la escasez de alimentos, depredadores naturales y machos rivales. Por otro lado, en Italia, los osos pardos de los Apeninos son considerablemente más pequeños y menos agresivos que sus contrapartes de Europa central. Andrea Benazzo, profesor en genética de la Universidad de Ferrara, señala que “ciertos genes relacionados con la docilidad están presentes en estas poblaciones, resultado de siglos de caza que eliminaron a los individuos más grandes y combativos”.
El biólogo Alejandro Martínez Abrain agrega que esta situación representa “la primera evidencia genética de selección no intencionada por parte del ser humano hacia osos más reservados”. Este patrón se observa en otras especies, como elefantes sin colmillos y salmones de menor tamaño, evidenciando una tendencia global: la selección elimina a los animales más audaces o agresivos, favoreciendo poblaciones más cautelosas.
El cambio climático también repercute sobre los osos polares. Tradicionalmente dependientes del hielo para cazar focas, algunas poblaciones han aprendido a sobrevivir sin este recurso. Un grupo descubierto en 2022 en el sur de Groenlandia, que habita fuera del círculo polar ártico, ha adaptado su alimentación a renos, huevos y plantas. “Estos osos están modificando la expresión de genes vinculados al metabolismo de grasas, lo que les permite sobrevivir sin focas”, explica Alice Godden, investigadora de la Universidad de East Anglia.
La interacción con humanos aumenta en ambos casos. En Laciana (León), hembras con crías han llegado a ingresar en huertos y viviendas buscando manzanas. En Svalbard, algunos osos polares han intentado acceder a hogares en busca de alimento. Frente a estos hechos, los expertos insisten en la importancia de implementar medidas de convivencia como barreras de seguridad, cultivos frutales y educación ambiental para proteger tanto a las personas como a los animales.
María del Mar Delgado, del CSIC y coautora del estudio sobre osas cantábricas, concluye que “históricamente la persecución humana ha moldeado el comportamiento del oso, pero ahora la presión principal proviene del cambio climático, cuyas consecuencias son inciertas pero inevitables”.
El mensaje de los investigadores es claro: los osos están sufriendo modificaciones, que afectan el delicado equilibrio entre la naturaleza y la presencia humana.


