La situación médica del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha cobrado protagonismo tras la noticia difundida este lunes por Libertad Digital. De acuerdo con esta fuente, el mandatario, de 53 años, sufre una afección cardíaca que requiere controles médicos y terapias constantes bajo un protocolo estricto de confidencialidad en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid. La publicación vincula los cambios en el aspecto físico del presidente en sus recientes apariciones con la importancia de una patología que, según fuentes consultadas, podría derivar en problemas graves como trombosis o infarto.
El seguimiento clínico estaría dirigido por el reconocido cardiólogo europeo José Luis Zamorano. Como jefe del servicio de Cardiología en Ramón y Cajal y miembro honorario de la Sociedad Americana de Ecocardiografía, Zamorano supervisa las pruebas, que incluyen TAC helicoidales para evaluar el estado de las arterias coronarias del jefe del Ejecutivo. Es relevante que este hospital es el centro de referencia para la atención sanitaria de la Presidencia, conforme a los acuerdos vigentes, lo que facilita el acceso del presidente a las instalaciones.
El reporte describe además un operativo especial para mantener la discreción durante las visitas médicas. Según Libertad Digital, Sánchez asiste al hospital en horarios de baja afluencia, como las madrugadas de domingo, ingresando por el área del muelle de cocina para evitar espacios comunes y utilizando ascensores de servicio protegidos por su equipo de seguridad. Estas medidas buscan preservar la privacidad de una situación médica que, en caso de confirmarse, tendría una importancia institucional y pública considerable.
Más allá de la enfermedad cardiovascular, el informe señala que Pedro Sánchez estaría muy pendiente de su bienestar físico, presentando rasgos hipocondríacos que se habrían intensificado desde su acceso al cargo. Según el artículo, por indicación de su familia, el equipo médico le acompaña constantemente en sus desplazamientos. Aunque se mencionan otras lesiones menores sin consecuencias clínicas, es esta afección cardíaca la que ha generado mayor preocupación en el entorno de Moncloa en los últimos meses.


