En los últimos tiempos, la política internacional ha estado condicionada por los planes del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien ha renovado su foco en Groenlandia. Tras los eventos políticos recientes en Venezuela, que han generado discusiones sobre una posible intervención militar, Trump ha propuesto la compra de la isla más grande del mundo como parte de la seguridad nacional.
Desde la Casa Blanca explican que el interés en Groenlandia no se limita a lo territorial, sino que responde a una estrategia global en el Ártico, región que ha ido tomando mayor relevancia geopolítica. Karoline Leavitt, portavoz presidencial, destacó que asegurar la influencia y los recursos en Groenlandia es clave para disuadir a potencias como Rusia y China.
Este interés ya había sido expresado por Trump en 2019 cuando reveló su intención de comprar la isla. No obstante, la propuesta fue rechazada por el gobierno danés, que insistió en que “Groenlandia no está en venta”. Esta diferencia desencadenó la suspensión de una visita oficial de Trump a Dinamarca, evidenciando tensiones diplomáticas en la región nórdica.
Pese a la negativa danesa, Estados Unidos sigue explorando opciones para ampliar su presencia militar en Groenlandia. El secretario de Estado ha confirmado que se mantendrán conversaciones con representantes daneses para abordar la cuestión.
Groenlandia es un territorio autónomo de Dinamarca que posee importantes recursos naturales subterráneos, incluyendo petróleo, gas natural y tierras raras. La accesibilidad a estos recursos aumenta conforme el cambio climático modifica el entorno, lo que convierte a la isla en un punto de interés no solo económico sino estratégico.
La reducción de hielo en Groenlandia facilita nuevas vías marítimas en el Ártico, lo que modifica significativamente las rutas comerciales y las dinámicas de seguridad en la zona. La Organización Mundial del Comercio proyecta un aumento considerable del tránsito marítimo ártico en los próximos años, posicionando esta región como un área estratégica para las grandes potencias.
Aunque Groenlandia ofrece ventajas potenciales, la complejidad para su adquisición y gobernanza es evidente. La isla tiene una condición especial dentro de la Mancomunidad Danesa y cualquier cambio en su estatus requeriría un consenso internacional amplio y un respeto total al derecho de autodeterminación de su población.
Los desacuerdos entre Trump, Dinamarca y otros países europeos se agravan debido a la posibilidad de que Groenlandia se convierta en un nuevo punto de disputa geopolítica. La primera ministra danesa y otros líderes del continente han defendido la soberanía groenlandesa, subrayando que cualquier intento de Estados Unidos por ejercer control sería interpretado como una violación grave de la ley internacional y los principios de la OTAN.


