En el contexto de la conmoción causada por el accidente ferroviario ocurrido en Adamuz, se ha sabido que el sindicato mayoritario de maquinistas, SEMAF, había advertido con anterioridad sobre el estado de la red. En agosto del año pasado, el sindicato solicitó de forma oficial a Adif AV y a la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria (AESF) que se redujera la velocidad máxima en las principales rutas de alta velocidad, proponiendo bajar de 300 km/h a 250 km/h.
Dicha petición abarcaba líneas clave como Madrid–Sevilla, Madrid–Málaga, Madrid–Valencia y Madrid–Barcelona, fundamentándose en diversas deficiencias técnicas que, según los expertos, permanecen sin resolverse.
Cuatro aspectos fundamentales de la advertencia de SEMAF
Los maquinistas basaron sus inquietudes en cuatro problemas técnicos acumulados, que impactan tanto en la seguridad como en la integridad de los trenes:
1. Acumulación de irregularidades: Las vías muestran pequeños desgastes y deformaciones que, aunque individualmente no justifican la suspensión del servicio, al acumularse a lo largo de varios kilómetros generan un problema estructural considerable.
2. Vibraciones y sacudidas en cabina: Los profesionales reportaron movimientos bruscos y vibraciones marcadas al transitar a la velocidad máxima permitida (300 km/h). Estos fenómenos son claramente perceptibles para los conductores y aumentan de forma significativa la tensión mecánica en la infraestructura.
3. Perjuicios en el material rodante: El sindicato asoció estas vibraciones con daños mecánicos, mencionando específicamente la aparición de fisuras en los bogies de los trenes serie 106 (Avril). El peso mayor de estos modelos recientes intensifica los efectos derivados del deterioro de las vías.
4. Desgaste acelerado por la liberalización del tráfico: El uso intensivo de la red ferroviaria por diversas operadoras ha contribuido a un deterioro más rápido. Según los maquinistas, el mantenimiento actual no se realiza con la rapidez ni profundidad necesarias para este incremento en el tráfico.
Un análisis sobre seguridad y comodidad
Desde SEMAF puntualizaron que estas anomalías, si bien no siempre superan los límites legales que impedirían la circulación, representan una «sobrecarga constante» que afecta la comodidad de los pasajeros y eleva el riesgo de un desgaste prematuro en componentes críticos de los trenes.
Este antecedente resulta especialmente relevante en las pesquisas técnicas sobre el accidente ocurrido en Córdoba, donde un tren de última generación de la operadora Iryo descarriló en un tramo recto de la vía.


