Una investigación realizada en 45 compañías alemanas muestra que el 75% de las organizaciones prefiere no regresar al modelo laboral tradicional tras priorizar el bienestar de sus empleados y la digitalización.
Mientras que en España el debate gira en torno a reducir la jornada a 37,5 horas semanales, Alemania ha avanzado más allá. Un experimento coordinado por la consultora Intraprenör y supervisado por la Universidad de Münster evaluó la factibilidad de la semana laboral de cuatro días bajo la premisa «100-80-100»: salario completo, 80% de la jornada habitual y total productividad.
Resultados: mejora en salud y eficiencia
Participaron más de 900 empleados, y los hallazgos fueron positivos en cuanto al bienestar personal:
- Menor estrés: Los trabajadores señalaron una notoria mejora en su salud mental.
- Mayor descanso: Se observó un aumento promedio de 38 minutos más de sueño a la semana.
- Amplia aceptación: El 82% de los empleados prefirió mantener este formato frente a la semana convencional de cinco días.
Para sostener la productividad sin reducir los salarios, las compañías no solo trabajaron menos horas, sino que optimizaron su forma de laborar. La clave estuvo en la reestructuración de sus procesos: se acortaron las reuniones y se incorporaron herramientas digitales que facilitaron las tareas diarias.
Puntos de vista críticos: ¿una solución viable?
No todos los análisis fueron positivos. El Instituto Económico Alemán indicó posibles sesgos, ya que la participación de las empresas fue voluntaria, lo que podría influir en los resultados, pues probablemente ya estaban predispuestas a cambios.
Además, existe inquietud en términos macroeconómicos. Con un envejecimiento poblacional y escasez de trabajadores cualificados, algunos sectores temen que una reducción horaria pueda agravar la situación económica.
«Reducir el tiempo laboral no resolverá la crisis económica», alertan desde el partido liberal FDP, advirtiendo que comprimir la carga de trabajo podría sobrecargar a los empleados.
El debate sobre la flexibilidad
En lugar de una reducción drástica, figuras como el exdiputado Steffen Kampeter proponen un enfoque intermedio: la flexibilidad. La experiencia alemana aporta a países como España la enseñanza de que el éxito no necesariamente depende de disminuir horas, sino de acuerdos que permitan, por ejemplo, concentrar la jornada de lunes a jueves y liberar el viernes, adaptándose a las particularidades de cada sector.


