La situación en Oriente Próximo se ha vuelto más compleja en las últimas semanas, transformando la región en un espacio de tensión palpable. Luego de ataques aéreos conjuntos entre Israel y Estados Unidos contra objetivos en Irán, Teherán respondió de forma rápida y firme, lanzando ataques contra países limítrofes.
En una escalada sin precedentes, misiles balísticos iraníes han impactado en diversas bases militares ubicadas en Catar, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Kuwait. Estos ataques han ocasionado al menos un fallecimiento en Abu Dabi y generado explosiones en otros puntos estratégicos. Lo que comenzó como una maniobra de presión se ha convertido en un conflicto con potencial para afectar la estabilidad económica global.
Rosa Meneses, subdirectora del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos, señala que la postura iraní refleja un cambio importante en su estrategia de seguridad. Mientras que en el pasado Irán prefirió respuestas contenidas incluso en momentos de alta tensión, ahora adopta una actitud más ofensiva, mostrando una clara disposición a intensificar el enfrentamiento.
El hecho de que Irán haya decidido atacar bases en países vecinos donde se encuentran soldados estadounidenses es interpretado como un movimiento desesperado. Curiosamente, muchos de estos países mantienen relaciones diplomáticas relativamente estables con Irán, entre ellos Catar y Omán. Este no es un ataque motivado exclusivamente por hostilidad, sino una acción estratégica destinada a generar una reacción que frene la agresión estadounidense.
Otra variable importante es la actual situación de las alianzas de Irán. La reciente caída del régimen de Bashar al Asad y la debilitación de Hizbulá han dejado al país en una posición de mayor vulnerabilidad. Percibiéndose aislado y debilitado, Irán ha llevado el conflicto a un escenario internacional, enviando un claro mensaje a las monarquías del Golfo: si sus territorios se utilizan para operaciones estadounidenses, sus infraestructuras y economías estarán expuestas a ataques.
George Irani, profesor de la Universidad Alfonso X, sugiere que el ataque iraní pudo tener un propósito estratégico, coincidiendo con nuevas negociaciones en Viena sobre el programa nuclear de Irán. En este contexto, Teherán pudo buscar demostrar su capacidad militar y enviar una advertencia a Estados Unidos y sus aliados sobre las graves consecuencias que podría acarrear mantener la presión militar.
Aunque el gobierno mantiene un control estricto, voces dentro de Irán han pedido una respuesta militar firme frente al régimen de los ayatolás. Esta tensión interna, potenciada por protestas masivas y la represión generalizada, podría haber influido en la decisión de privilegiar un enfrentamiento externo para consolidar internamente el apoyo nacional frente a un enemigo común.
Manuel Gazapo, analista en materia de seguridad, apunta que lo que se vive no solo es un enfrentamiento bélico, sino una posible transición hacia el desgaste de un régimen que se siente cercado. Con el surgimiento de nuevas dinámicas de poder, las monarquías del Golfo están en una posición delicada, con temor a ser perjudicadas como consecuencia de un enfrentamiento que podría marcar un hito en la historia regional.


