Los regulares han utilizado Vehículos de Alta Movilidad Tácticos (Vamtac) para realizar labores de reconocimiento. Estos vehículos ofrecen una gran capacidad de movimiento incluso a elevadas velocidades, por zonas abruptas y a plena carga, y también disponen de una importante potencia de fuego.
Este tipo de misiones son habituales, tanto en Ceuta como en Melilla, ya que forman parte de los cometidos básicos de las unidades allí destacadas. Lo mismo puede decirse de las misiones de vigilancia marítima que desarrolla la Armada española en la zona. De hecho, desde el pasado mes de enero la Armada vigila de manera permanente las aguas de Melilla, así como los peñones e islas de soberanía española, de la mano del nuevo patrullero Isla Pinto (P-84), que tiene como emplazamiento definitivo la ciudad autónoma. La llegada del patrullero, entregado a la Armada Española en junio de 2023, supone un notable refuerzo de la vigilancia militar en una zona de alto voltaje.
El grupo de regulares se enorgullece de ser «la unidad más condecorada del Ejército Español». El Ejército de Tierra subraya que el Grupo de Regulares de Melilla tenía como una de sus misiones fundamentales la custodia de las islas y peñones: Islas Chafarinas, Islas de Alhucemas y Peñón de Vélez de la Gomera, manteniendo destacamentos permanentes en dichos enclaves. No obstante, con fecha 1 de julio de 2008, el Grupo de Regulares de Melilla pasa a guarnecer el destacamento del Peñón de Vélez de la Gomera, siendo responsabilidad del RAMIX-32 la custodia del destacamento de Alhucemas y del Tercio Gran Capitán 1º Legión, la custodia del destacamento de Chafarinas.
Tensión política
Mientras los regulares cumplen su misión de vigilancia 24/7 (24 horas, los 7 días de la semana), la situación política con Marruecos ha vuelto a enturbiarse en Melilla. El presidente de la ciudad autónoma, Juan José Imbroda (PP), ha manifestado este martes que Marruecos adopta decisiones que «nos dañan a los demás a los españoles» como su reciente veto a los visados específicos para Ceuta y Melilla, que usan principalmente los trabajadores transfronterizos marroquíes que están empleados en la ciudad española. Imbroda también se refirió a otros contenciosos como el cierre unilateral de la aduana comercial desde 2018 o la negativa marroquí a respetar el régimen de viajeros, impidiendo así la entrada a su país de cualquier producto que puedan cruzar desde Melilla al reino alauí.