El presidente estadounidense considera un «ataque limitado» mientras el Pentágono despliega dos grupos de portaaviones y aviones furtivos en Oriente Próximo frente a la ausencia de un acuerdo nuclear
La relación entre Washington y Teherán ha alcanzado un punto de máxima tensión en varias décadas. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha establecido un plazo de entre diez y quince días para decidir si autoriza una acción militar contra Irán. Esta decisión está condicionada al resultado de las negociaciones para un nuevo pacto nuclear. Trump ha señalado que contempla un «ataque limitado» como medida de presión, en paralelo a un despliegue militar en la región por parte del Pentágono, que no se veía desde la invasión de Irak en 2003.
«O conseguimos un acuerdo o las consecuencias serán desfavorables para ellos», declaró Trump tras la inauguración de su Junta de Paz en Washington. Aunque la Casa Blanca continúa explorando la vía diplomática mediante enviados especiales en Omán y Suiza, el despliegue militar evidencia que la opción de usar la fuerza es inmediata. Fuentes de Defensa indican que el Ejército estadounidense está en estado de prealerta, a la espera únicamente de la orden presidencial para iniciar cualquier acción.
Una capacidad disuasoria sin precedentes en la zona
El desplazamiento de tropas estadounidenses tiene como objetivo restringir las capacidades defensivas de Irán. Al portaaviones USS Abraham Lincoln, ya presente en la región, se suma el USS Gerald R. Ford, que actualmente se dirige hacia el estrecho de Gibraltar. Este grupo naval está formado también por nueve destructores preparados para interceptar misiles balísticos, cruceros y submarinos.
En el ámbito aéreo, Estados Unidos apuesta por su superioridad tecnológica. En este despliegue se incluyen cazas furtivos F-22 y F-35, capaces de operar en espacios aéreos protegidos, junto a bombarderos B-2 y más de cincuenta aviones de combate adicionales. Para proteger a sus aliados y recursos en la región, el Pentágono ha instalado sus sistemas de defensa más avanzados: las baterías de misiles Thaad y Patriot.
Reacción de Teherán y esfuerzos internacionales de mediación
Por su parte, Irán ha llevado el asunto ante las Naciones Unidas denunciando lo que considera «amenazas ilegítimas». El representante iraní ante la ONU, Amir Saeid Iravani, afirmó que aunque su país no desea un conflicto, responderá de manera «decisiva y proporcional» ante cualquier ataque. Además, advirtió que todas las bases y instalaciones de cualquier «fuerza hostil» en la región serán considerados objetivos legítimos en caso de bombardeo.
Mientras tanto, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, defiende que su programa nuclear tiene fines pacíficos. La comunidad internacional observa con preocupación esta escalada. El ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha pedido diálogo y diplomacia, rechazando el recurso a la fuerza. Rusia, por su parte, ha expresado su apoyo a las negociaciones, solicitando soluciones «justas» que respeten los compromisos de Irán según el Tratado de No Proliferación Nuclear.
Efectos inmediatos en los mercados y en la economía
El posible conflicto ya influye en la economía mundial. El precio del petróleo ha alcanzado su máximo en seis meses, con el Brent rondando los 72 dólares por barril. Los inversores temen que Irán pueda intentar bloquear el estrecho de Ormuz, un punto clave para el suministro energético global, en caso de que estalle un conflicto. En los mercados financieros, las bolsas europeas han iniciado la jornada con cautela, observando de cerca una situación que podría alterar significativamente el panorama geopolítico y energético en 2026.


