EDITORIAL
La actual legislatura en la Asamblea de la Ciudad Autónoma está siendo muy extraña. Tras un comienzo en el que parecía que el Gobierno se podría entender con PSOE y MDyC en temas importantes de forma puntual, y siendo fruto del primer pacto con ambos partidos la composición de la Mesa de la Asamblea; sin embargo, desde hace un tiempo a esta parte, especialmente desde la llegada del nuevo secretario general del PSOE local, tras la ruptura del grupo socialista, las relaciones entre los dos partidos más importantes no pasan por su mejor momento. De hecho, tras los últimos desencuentros, todo apunta a un final de legislatura bastante tormentoso.
De momento, Vivas y su equipo se apoyan decididamente en los diputados no adscritos, que vienen incrementando su protagonismo en algunas de las decisiones políticas de los últimos plenos.
No cabe duda de que esta situación no resulta nada edificante ni para el Gobierno local, ni mucho menos para la credibilidad de las instituciones, ya que demuestra que en una ciudad pequeña como la nuestra la ausencia de diálogo y entendimiento entre los partidos es cada vez más notoria, dando paso así a acuerdos cada vez más frecuentes y más importantes del Gobierno del Partido Popular con diputados y diputadas que abandonaron las siglas con las que fueron elegidos y, por tanto, dando la espalda claramente al Pacto Antitransfuguismo firmado por la mayoría de los partidos nacionales y que en Ceuta brilla por su ausencia.
Que el Gobierno local en minoría debe buscar los apoyos necesarios para poder ir alcanzando sus objetivos políticos es evidente.
Que el precio que debe pagar para alcanzar sus objetivos es mucho menor si lo negocia con los diputados no adscritos, está muy claro.
Que dar la espalda a los partidos que, casi con toda seguridad, van a volver a estar representados en la próxima Asamblea puede ser contraproducente, no tenemos la menor duda.
Ceuta, como en muchas ocasiones ha dicho nuestro presidente, necesita de la unidad de acción de todas las fuerzas vivas de la ciudad, entre ellas sus partidos políticos más representativos. Por lo que el diálogo permanente y constante con los portavoces de los grupos de la Asamblea debería ser real y fructífero, dejando aparte intereses partidistas y electoralistas.
Si hay algo que nuestro primer edil lleva a gala es su continua apuesta por la lealtad institucional, que practica por encima de todo y, a veces, muy en contra de lo que su partido propugna a nivel nacional o en las autonomías donde gobierna.
Desde nuestro punto de vista, sobrevivir apoyándose en los diputados no adscritos es pan para hoy y hambre para mañana, ya que si hay algo del todo claro es que ninguno de esos diputados no adscritos va a tener presencia en la futura cámara parlamentaria, por lo que no se apuesta por el futuro, sino por el partido a partido, que no es muy recomendable si se quiere seguir gobernando en la próxima legislatura.
Creemos sinceramente que se debería recuperar el diálogo sincero y sin subterfugios con los partidos de la oposición, sin exclusiones de ningún tipo. Todo lo demás es desnaturalizar la política y a sus instituciones.



