La formación encabezada por Santiago Abascal ha optado por intensificar su enfrentamiento con el Partido Popular en el comienzo del presente ciclo electoral, buscando afirmarse como el principal beneficiario dentro del espacio político de la derecha. La disputa con Alberto Núñez Feijóo se hace más patente en un escenario donde Vox pretende ampliar su implantación territorial y consolidar su crecimiento electoral a expensas de su rival conservador.
La dirección del partido considera que las próximas elecciones son una oportunidad para reafirmar su estrategia de confrontación directa con el PP. La campaña se presenta como un momento clave para medir fuerzas y evaluar si el endurecimiento del mensaje y la presión ejercida sobre los populares se traduce en un trasvase efectivo de votos hacia Vox.
Simultáneamente, el PSOE inicia este período electoral con la incertidumbre de que su apuesta por involucrar a ministros en las campañas autonómicas y locales no produzca los resultados esperados. La estrategia socialista, destinada a reforzar la presencia del Gobierno central en estos procesos electorales, podría verse cuestionada si los resultados no son satisfactorios y se interpretan como un revés político.
En consecuencia, el escenario electoral se configura como un terreno de prueba para los principales partidos nacionales. Mientras Vox intenta afianzar su posición dentro del bloque de la derecha y ampliar su influencia institucional, el PP procura frenar la pérdida de apoyos para mantener su liderazgo. Al mismo tiempo, el PSOE afronta el desafío de demostrar la eficacia de su estrategia de movilización y su capacidad para convertir la participación de altos cargos en un activo electoral.


