Ramón Rodríguez Casaubón.
En su día expuso Soul Etspes un aforismo difícil de rebatir: “En la pregunta se encuentra la respuesta; si no, la primera no tiene razón de ser”. Lo planteado roza la ontología: la pregunta es el mapa y la respuesta es el territorio; no puedes buscar el segundo sin los trazos del primero.
Alguno podrá pensar aquello de “Solo sé que no sé nada”, frase atribuida a Sócrates. Lo cual es en sí mismo una falacia, pues para darse cuenta de no saber nada algo se debe saber. Al menos se sabe que se es un ignorante. Personalmente dudo de que la sentencia sea realmente de Sócrates, pero en cualquier caso yo sí que “solo sé que no sé nada”.
Voy a plantear una serie de cuestiones y las respuestas no serán las soluciones, pero los interrogantes sí son las certezas.
¿Sánchez es un narcisista? ¡Quién lo duda!
¿Sánchez es un arribista? ¡Quién lo niega!
¿Sánchez es un trilero, es decir, manipulador? ¡Quién lo rebate!
¿M. Rajoy es Mariano Rajoy? ¿De verdad tenemos que contestar?
¿En qué se diferencia Alberto Núñez Feijóo de Pedro Sánchez? En que quiere y no puede. Quiere deshacerse de Isabel Díaz Ayuso, parecerse a Sánchez, transmitir capacidad de liderazgo… y nada de eso puede.
¿Es Donald Trump un demócrata? Ni de coña, sea cual sea la acepción.
¿Está Sánchez liderando el “no a la guerra” por oportunismo político? ¿Qué hace pensar que no sea por oportunismo? Pero… ¿está defendiendo, sea por lo que sea, la legalidad internacional?
Lo que realmente importa al PP es que Sánchez se lo vuelve a hacer. De su arribismo nace una oportunidad política y de ella una potenciación del voto; con ello el PP y alguna izquierda pierden. Los primeros porque no saben reaccionar —nunca lo saben— y los segundos porque les acaba de robar su carnet de identidad.
En cuanto a Trump, ataca Venezuela para quedarse su petróleo porque, aunque digan que no lo necesita, sí lo hace: se lo quita a China y le arrebata de paso su influencia en Iberoamérica a través de ese país. Ahora ataca a Irán para hacer algo muy parecido. Su objetivo es China, siempre. Aunque deberíamos fijarnos en que, mientras estaban en curso las negociaciones diplomáticas entre Estados Unidos e Irán —y además iban por buen camino—, llega Benjamin Netanyahu y asesina a Ali Jamenei, símbolo y Guía de la República Islámica. Tras esto, Estados Unidos queda obligado a entrar en guerra. Encantado de ello, eso sí.
Luego tenemos a un auténtico instigador de guerras, como es el israelí, que necesita de ellas para preservar su estatus de poder e inmunidad actual. Por otro lado, a un megalómano anaranjado que solo pretende amasar una fortuna cada vez mayor, alimentar su ego hasta el infinito y seguir los consejos de sus asesores sobre la forma de frenar a China.
Me temo que Netanyahu jamás será enjuiciado por ninguno de sus crímenes de guerra; que Trump se perpetuará en la Casa Blanca hasta la siguiente legislatura; y que China será la primera potencia económica del mundo en 2037, por más que clonen a Trump o modifiquen el orden mundial en zonas de influencia próximas al gigante asiático.
Como dijera Soul Etspes: «Para Forrest Gump “la vida era como una caja de bombones”, mientras que Einstein la veía “como una bicicleta” y Lennon consideraba que “es lo que te ocurre mientras estás ocupado haciendo otros planes”; y, sin embargo, hoy parece ser lo que Trump te permita. A estas bajas cotas de la humanidad acabamos de llegar».



