Aureliano Mendes Furtado, marinero de 69 años, sobrevivió a la borrasca Harry y otros dos temporales en el Mediterráneo navegando en su velero Almirante. Fue rescatado a 53 millas de Argelia después de haber sido dado por desaparecido.
Un viaje que inicialmente era una travesía costera sencilla de apenas dos días para cambiar el amarre del velero se transformó en una historia de supervivencia notable. Aureliano, un jubilado de la minería originario de Cabo Verde y residente en la Comunidad Valenciana, superó 12 días a la deriva sin motor ni radio, con escasa agua y comida, y afrontando olas que alcanzaban los seis metros de altura.
Una travesía que comenzó con contratiempos
El 15 de enero de 2026, Aureliano salió desde el puerto de Gandia (Valencia) hacia Guardamar del Segura (Alicante) con un plan sencillo de navegación costera, sin alejarse de la costa. Sin embargo, el velero Almirante no estaba en condiciones óptimas: el motor tenía fallos y la radio no funcionaba correctamente. Aureliano pretendía usar su teléfono móvil, pero el cable de carga no era el adecuado, por lo que el dispositivo se agotó pronto.
Aunque tenía poca experiencia en navegación marítima —originario de Cabo Verde pero trabajador minero gran parte de su vida en el interior— y pese a los pronósticos meteorológicos adversos, decidió continuar con la ruta prevista.
En medio del temporal
Pocas horas después de iniciar el recorrido, la situación empeoró. El Mediterráneo fue golpeado por la borrasca Harry, el peor temporal en 15 años, seguido por las borrascas Ingrid y Joseph. Aureliano enfrentó vientos huracanados de hasta 130 km/h y olas de cinco a seis metros que azotaban el velero con gran fuerza.
«Las olas impactaban el barco con la fuerza de un camión chocando contra un coche pequeño. Tenía que sujetarme lo más fuerte posible y me quemé las palmas de las manos por la fuerza con la que me agarraba», contó Aureliano tras ser rescatado. Incapaz de mantener el control de la dirección, se centró en evitar que el mar lo arrastrara contra las rocas de la costa.
Doce días en lucha por sobrevivir
Durante casi dos semanas permaneció aislado. Perdido durante las noches invernales, vio cómo su agua potable y alimentos se agotaban. Por un error al vaciar un depósito que creía contaminado de agua de mar, se quedó casi sin agua potable y pasó los últimos días sin beber ni comer.
Intentó pedir ayuda lanzando bengalas, pero una de ellas cayó accidentalmente sobre la madera del velero, casi provocando un incendio, lo que le llevó a abandonar esa opción. Para las autoridades, Aureliano ya estaba muerto; la búsqueda oficial se había suspendido tras cuatro días sin noticias.
El rescate inesperado
El 28 de enero, cuando Aureliano estaba a 53 millas al noreste de Bugía, Argelia, y con las fuerzas casi agotadas, fue avistado por una avioneta de reconocimiento que realizó varias vueltas sobre su velero. Poco después, un buque mercante de Singapur acudió a socorrerlo en aguas internacionales.
Tras ser subido a bordo, la tripulación le brindó atención y días más tarde fue trasladado al puerto de Algeciras, donde pudo reunirse con su familia sano y salvo.
A pesar de la experiencia traumática que pudo haber terminado en tragedia, Aureliano no ha perdido el deseo de navegar. Confiesa que aún planea comprar otro velero para cumplir el sueño de cruzar el Atlántico y regresar a su Cabo Verde natal, aunque reconoce con humor que la próxima vez «no lo haría en solitario».


