El histórico colaborador del cementerio musulmán dedicó su vida a enterrar, lavar y rezar por los fallecidos, muchos de ellos migrantes sin nombre
Ceuta despide a una de esas figuras imprescindibles que rara vez ocupan titulares, pero cuya labor deja una huella imborrable. Mohamed Dahri ha fallecido tras más de cuatro décadas de entrega absoluta a la comunidad musulmana de la ciudad, desempeñando una tarea tan dura como necesaria: acompañar a los difuntos en su último tránsito.
Durante más de 40 años, Dahri fue una presencia constante en el cementerio musulmán de Ceuta. Allí, con discreción, respeto y una profunda vocación espiritual, se encargó de lavar los cuerpos, preparar los enterramientos y elevar oraciones por los fallecidos, cumpliendo con los ritos islámicos incluso en las circunstancias más difíciles.
Su labor fue especialmente significativa en los momentos más duros de la crisis migratoria. En numerosas ocasiones, y prácticamente en soledad junto a operarios del cementerio y personal de funeraria, Mohamed Dahri dio sepultura digna a cientos de personas migrantes cuyos cuerpos fueron arrojados por el mar a las costas ceutíes. Sin nombres, sin familias presentes, pero nunca sin dignidad.
Quienes lo conocieron destacan su humildad, su compromiso inquebrantable y su profundo sentido del deber. Dahri no buscó nunca reconocimiento público, pero su trabajo representa uno de los mayores ejemplos de humanidad y respeto hacia los demás, incluso en la muerte.
Hoy, Ceuta pierde a un hombre bueno, a un servidor incansable y a un referente moral para toda una comunidad. Su legado permanecerá en cada oración susurrada, en cada gesto de compasión y en cada despedida digna que ayudó a ofrecer.
Mohamed Dahri descansa en paz. Su vida fue, sin duda, un acto continuo de servicio y humanidad.



