La Policía intensifica los operativos en distintos puntos de Ceuta mientras se avanza en la identificación de menores y en la búsqueda de recursos para atender a las personas que permanecían en asentamientos
La situación migratoria en Ceuta afronta una nueva fase tras varias semanas marcadas por la presencia de personas migrantes en distintos asentamientos de la ciudad. Los últimos dispositivos policiales y las actuaciones de las administraciones están trasladando el foco hacia la identificación, la atención y la derivación de estas personas a los recursos disponibles.
Este domingo, la Policía Nacional ha puesto en marcha un amplio operativo para levantar los asentamientos situados en las inmediaciones de la desalinizadora. El dispositivo cuenta con unos 350 funcionarios y tiene como objetivo garantizar la seguridad de esta infraestructura crítica, además de reducir los riesgos derivados de las condiciones en las que permanecían los propios migrantes.
La actuación se suma a los dispositivos desarrollados durante los últimos días en otras zonas de Ceuta. Entre ellos se encuentra la intervención realizada en los alrededores del Trampolín y la antigua Fábrica de Guano, donde fueron localizados numerosos menores que permanecían en la vía pública y en espacios utilizados como asentamientos.
La identificación se ha convertido así en uno de los principales pasos de esta nueva etapa. Conocer la edad, la identidad y la situación de cada persona resulta necesario para determinar posteriormente qué recurso corresponde en cada caso.
Los menores, uno de los principales retos
La situación de los menores migrantes continúa siendo uno de los asuntos más complejos. Tras su identificación, deben ser derivados al sistema de protección correspondiente y quedar bajo la atención de los servicios especializados.
Al mismo tiempo, se estudian distintas posibilidades de reagrupamiento familiar y de traslado a otros recursos fuera de Ceuta cuando las circunstancias de cada menor lo permiten.
La presión sobre el sistema de protección de menores sigue siendo elevada después del incremento de llegadas registrado durante las últimas semanas. La capacidad disponible y la necesidad de encontrar alternativas siguen siendo dos de los principales retos para las administraciones.
Del asentamiento al recurso
El desmantelamiento de los asentamientos no supone el final del problema, sino el inicio de una segunda fase. La cuestión pasa ahora por determinar dónde serán atendidas las personas que permanecían en estas zonas y cómo se organizarán los traslados.
En el caso de los adultos, las actuaciones requieren coordinación entre los distintos organismos responsables de la atención y gestión migratoria. En el caso de los menores, la responsabilidad recae en el sistema de protección de la Ciudad, con la intervención de los servicios especializados.
La situación también plantea la necesidad de mantener una vigilancia sobre las zonas donde puedan volver a aparecer asentamientos improvisados. Las actuaciones policiales de los últimos días han mostrado que el fenómeno no se limita a un único punto de la ciudad.
Una crisis que cambia de escenario
Durante las primeras semanas, la principal preocupación estuvo relacionada con la llegada de personas y la respuesta inmediata ante la emergencia. Ahora, con los diferentes operativos en marcha, el desafío se desplaza hacia la gestión de quienes ya se encuentran en Ceuta.
Identificar, atender, trasladar y encontrar una respuesta adecuada para cada persona serán algunas de las claves de los próximos días.
La evolución de la situación dependerá también de la capacidad de las administraciones para mantener una respuesta coordinada y evitar que el desmantelamiento de un asentamiento simplemente provoque la aparición de otros espacios improvisados.
La crisis migratoria, por tanto, entra en una nueva etapa en la que la emergencia inmediata da paso a una gestión más compleja: saber quiénes están en Ceuta, dónde pueden ser atendidos y qué solución corresponde a cada caso.



