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domingo, julio 12, 2026
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La memoria democrática también es Miguel Ángel Blanco

Cristina Díaz
Senadora del Partido Popular por Ceuta

No todas las víctimas cambian la historia de un país. Miguel Ángel Blanco sí lo hizo.

Recuerdo perfectamente aquellos días de julio de 1997. Como millones de españoles viví con angustia las horas de su secuestro, con la esperanza de que ETA no cumpliera su amenaza. Pero la cumplió. Lo asesinó. Y con él quiso asesinar también la libertad de todos, así lo sentimos.

No lo consiguió.

España respondió unida. Salimos a la calle sin importar las siglas de cada uno. Porque había algo mucho más importante que la política: defender la vida, la libertad y la democracia frente al terror que ETA quiso imponer.

Miguel Ángel Blanco era un joven concejal del Partido Popular. Pero hace mucho que dejó de ser solo eso. Hoy representa a todos aquellos que dieron la cara cuando hacerlo significaba jugarse la vida. A tantos concejales, guardias civiles, policías, jueces, periodistas, y ciudadanos que no se dejaron intimidar. Y también a sus familias, que convivieron durante años con el miedo, la incertidumbre y la amenaza constante de quienes nunca tuvieron el valor de dar la cara y eligieron siempre la cobardía: el tiro en la nuca, el coche bomba o la emboscada. Ese fue el método de ETA. Imponer el terror.

Por eso me preocupa que, con el paso de los años, algunos quieran convertir aquella etapa en un simple capítulo de la historia.

No lo fue. Y no vamos a dejar que el tiempo anestesie nuestra memoria.

Todavía hay familias esperando justicia. Todavía quedan asesinatos sin resolver. Todavía vemos cómo se producen homenajes a terroristas que vuelven a humillar a las víctimas. Y, mientras tanto, hay quienes actúan como si todo eso ya no importara.

A mí sí me importa. Y creo que a millones de españoles también.

Por eso nunca entenderé que quienes hablan constantemente de memoria democrática sean capaces de olvidar precisamente la mayor amenaza que ha sufrido nuestra democracia en las últimas décadas. La memoria no puede ser selectiva. No puede recordar solo aquello que conviene políticamente.

Y tampoco puedo entender que se haya normalizado que EH Bildu sea un socio habitual del Gobierno de España. Hay pactos que obligan a preguntarse qué precio se está dispuesto a pagar por permanecer en el poder. Cuando para seguir gobernando se acepta el apoyo de quienes nunca han hecho una autocrítica moral inequívoca sobre el terrorismo de ETA, la memoria de las víctimas deja de ser un principio para convertirse en una negociación política. Y eso es una inmoralidad.

Este año volveremos a rendir homenaje a Miguel Ángel Blanco. Porque creemos de verdad que España tiene una deuda con quienes defendieron la libertad cuando hacerlo tenía un precio.

No se trata de vivir anclados en el pasado. Se trata de aprender de él. Recordar es nuestra obligación.

Miguel Ángel Blanco no representa solo cómo murió. Representa cómo vivió: defendiendo sus ideas en libertad, con valentía y sin renunciar a sus principios.

Y esa España valiente, la que no se dejó vencer por el terror, es la que merece seguir siendo recordada.

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