Las quejas de los estudiantes por la complejidad de los primeros exámenes coinciden con la implementación generalizada de detectores de frecuencia en las aulas de casi toda España.
MADRID / VALENCIA. – “Han ido a detectar trampas”. Esta es una expresión común entre miles de estudiantes que esta semana se enfrentan a la nueva Prueba de Acceso a la Universidad (PAU). Sin embargo, además de la tensión habitual ante preguntas sobre Emilia Pardo Bazán, Shakespeare, el Despotismo Ilustrado o la invasión musulmana, una novedad significativa en esta edición es el protagonismo de la tecnología. Varias comunidades autónomas han optado por proteger sus aulas mediante el uso de detectores de frecuencia, para dificultar los métodos modernos de copiar en los exámenes.
Estos dispositivos, que tienen un coste aproximado de 2.000 euros por unidad, están prácticamente presentes en todo el territorio nacional tras alertas de diversas universidades. Su principal función es identificar el uso de dispositivos tecnológicos como nanopinganillos invisibles, relojes inteligentes, gafas con conectividad y calculadoras alteradas, que facilitan conectarse a herramientas de Inteligencia Artificial para responder a los exámenes en tiempo real.
“Cada tribunal cuenta con al menos un detector, que se desplaza entre las aulas. Si hay una señal, el dispositivo se activa”, explican fuentes relacionadas con la supervisión de las pruebas. Comunidades como Galicia —la pionera en esta tecnología—, la Comunidad Valenciana, Madrid, Aragón o Murcia han reforzado sus normativas. Las reglas establecen que cualquier dispositivo electrónico debe permanecer completamente apagado y guardado en la mochila; portar tecnología durante el examen conlleva la expulsión inmediata y la anulación automática de la convocatoria.
Irónicamente, responsables y especialistas en la PAU recuerdan que el reciente formato de examen minimiza la memorización y pone el énfasis en el razonamiento práctico, el análisis de datos y la coherencia en la redacción, condiciones en las que las respuestas automáticas generadas por la IA son menos útiles.
A pesar de la mayor supervisión tecnológica y el aumento en el número de matriculados —que subió un 8% en comunidades como la valenciana—, el ambiente en los campus combina la tensión con la satisfacción de quienes ya han aprobado. Entre las pruebas, algunos comentan que los examinadores han optado por preguntas más desafiantes, mientras que la mayoría espera simplemente que finalice esta etapa para comenzar a planificar sus carreras en función de las notas de corte requeridas.


