Carta de Opinión “Revellin de Ceuta” RRSS
El relato dictado desde el poder político marca la actualidad, tanto la meramente periodística como la dedicada a la opinión. Un modelo de prensa obligado a claudicar para no perder el patrocinio, sabiendo que se debe a un amo —que dicta y manda a capricho— y a sus favores económicos. Una mentira que se repite y que el ciudadano compra inocentemente, sin tener ni idea de qué sucede en el interior de los despachos ni de cómo se distribuyen tales cifras.
Resulta dantesco ver los carteles de la UE, donde presumen de libertad de prensa y de la imparcialidad de los medios de comunicación, mientras que en Ceuta se proyecta una realidad propia de la capital del disparate, financiada desde la administración pública y utilizando sus “periódicos” como armas arrojadizas para conseguir una mejor tajada municipal (presión, oportunismo, contraprestaciones…).
Un sistema mal entendido llamado “publicidad institucional”, pagado a precios que en la península ni siquiera sueñan y que acaba convirtiéndose en un intercambio de piezas —más que conocidas— dentro del juego del reparto.
Un reparto notablemente desmesurado que debería tener un antes y un después, con un “no” a los privilegios y la implantación de un nuevo criterio por parte de alguien que no guarde vínculos históricos o afectivos con el beneficiario. Pero eso —hoy por hoy— no lo quiere ninguna de las partes, ¿cierto? (Pactos del piquito mojado).
La publicidad institucional reparte cuatro millones de euros, que se justifican con el manido y falso argumento del “servicio público”, dando una sensación de cobertura y divulgación, pero mostrando las carencias en la comunicación y el obligado servilismo hacia el patrocinador municipal. Un sistema de caciques, serviles e ingresos bancarios. A todo ello hemos de sumarle cifras disparatadas por campañas, eventos y actos al margen de la subvención establecida (acontecimientos deportivos, culturales o políticos que se negocian a bote pronto y donde la ciudad, mediante sus empresas y consejerías, se ve en la tesitura o el compromiso de realizar un reparto extraordinario).
Si hacen un pequeño análisis, se darán cuenta de la falta de rigor y determinación en la información, de los comunicados de “copia y pega” y de la utilización descarada del medio para la promoción de su supuesto dueño o empresario. ¿Nadie lo percibe? No hace falta ser muy espabilado -ni especialmente locuaz- para adivinar que el timo de la estampita o los trileros tenían más fundamento que la financiación de la prensa.
Un romance político-empresarial que no esconden y que celebran por un fin común, acordado entre ambas partes: en el primer caso, para permanecer en el puesto; en el segundo —de forma más que descarada—, para enriquecerse sin demasiado esfuerzo.
Así, atrapados en este planteamiento para interesados, nos encontramos con una prensa sin línea editorial, dedicada a distribuir populismo y textos dictados. Un corporativismo sumiso motivado por razones subsistencia, que sólo despierta cuando alguien pone en duda el funcionamiento y cierra filas para seguir comiendo.
Pregunten cuánto percibe en concepto de publicidad institucional el periódico “Diario Sur” en Málaga o cuánto recibe el “ABC” en Sevilla, porque así podrán darse cuenta de las tropelías que se cometen en Ceuta y de cómo, tras la comparación, el Ejecutivo local debería replantear por completo este modelo.
En una ciudad descapitalizada —y ampliamente dependiente del sustento económico del Ayuntamiento— resulta imposible prosperar creando un medio de comunicación fuera de los circuitos municipales, siendo la filantropía de los mecenas una inversión demasiado arriesgada. Aunque, como saben, en “Revellín de Ceuta” se exponen argumentos para romper la baraja y, créanme, nada está descartado.


