CEUTA — Entre casetas, mezquitas hechas de forma improvisada y pequeños puestos comerciales, el asentamiento de migrantes situado en la playa del Trampolín continúa extendiéndose hasta consolidarse como un pequeño poblado informal con comercios y servicios gestionados por sus propios habitantes. El elemento más visible de esta estructura es un punto de comida rápida al aire libre que los residentes han llamado su particular «McDonald’s», incluso señalizado con el tradicional logotipo de la cadena internacional.
Este establecimiento de comida, que cuenta con fogones y utensilios improvisados, es parte de una red de microeconomía que ofrece platos calientes y raciones diariamente. Además de esta hamburguesería artesanal, han surgido otros negocios: pequeños supermercados donde se venden productos básicos y bebidas alcohólicas, puntos para cargar baterías de teléfonos por pequeñas cantidades, barberías e incluso espacios para actividades recreativas y deportivas.
Esta iniciativa nace como un modo de autoorganización y entretenimiento ante la falta de recursos de cientos de personas que permanecen acampadas en la playa esperando resolver su situación administrativa. Sin embargo, la rápida proliferación de estos comercios y la permanencia del campamento generan preocupación tanto por las condiciones higiénico-sanitarias como por la ocupación prolongada del espacio público.



