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lunes, septiembre 7, 2026
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LOS VECINOS DEL PRINCIPE TENEMOS QUE HACER AUTOCRITICA

MOHAMED MOHAMED AHMED ( Vecino Bda Principe Alfonso )

La Asociación de Vecinos del Príncipe Alfonso ha realizado durante esta crisis una enorme labor humanitaria. Ha atendido a menores, mujeres, familias y personas que llegaban en una situación de absoluta vulnerabilidad. Eso merece ser reconocido.

Pero reconocer ese trabajo no significa que no podamos señalar un error importante.

Durante demasiado tiempo, prácticamente todos los esfuerzos, recursos humanos y atención de la Asociación se han concentrado en la emergencia migratoria, mientras las necesidades de los propios vecinos han ido quedando en un segundo plano.

Y eso no puede ocurrir.

Una asociación vecinal existe, ante todo, para defender a su barriada y a las personas que viven en ella.

No podemos volcarnos completamente en proteger a quienes llegan mientras nuestros propios hijos e hijas dejan de jugar en la calle por miedo.

No podemos dedicar todos nuestros esfuerzos a atender una emergencia y, al mismo tiempo, dejar sin respuesta a nuestros mayores, a nuestras mujeres, a nuestras familias, a nuestros comerciantes y a quienes llevan toda una vida reclamando limpieza, seguridad, mantenimiento y dignidad para el barrio.

Nuestros niños también son menores que necesitan protección.

Nuestros mayores también son personas vulnerables.

Nuestras mujeres también tienen derecho a caminar tranquilas por su barrio.

Y nuestros vecinos también necesitan sentirse escuchados y acompañados por su Asociación.

La solidaridad nunca puede significar abandonar a los tuyos.

Ayudar a una persona migrante que necesita comida, refugio o protección es un acto de humanidad. Pero asumir durante semanas funciones que corresponden a las administraciones, hasta el punto de descuidar la misión principal de una asociación vecinal, obliga a hacer una reflexión profunda.

La Asociación no puede convertirse en sustituta de los servicios sociales, de los dispositivos de emergencia, de las fuerzas de seguridad o de las administraciones públicas.

Porque mientras la Asociación asumía responsabilidades que no le correspondían, ¿quién estaba atendiendo las necesidades de los vecinos?

¿Quién escuchaba a las madres que tenían miedo de dejar salir a sus hijos?

¿Quién respondía a los mayores que veían transformado completamente su entorno?

¿Quién reclamaba con toda la fuerza necesaria por la basura, los escombros, los malos olores, la inseguridad y la pérdida de nuestros espacios públicos?

Tenemos que reconocerlo:

en algún momento se perdió el equilibrio.

Y hacer esta autocrítica no borra todo lo bueno que se ha hecho. Al contrario. Significa aprender de lo ocurrido.

La Asociación debe recuperar inmediatamente su función esencial:

ESTAR AL LADO DE LOS VECINOS DEL PRÍNCIPE.

Podemos seguir siendo solidarios.

Podemos seguir defendiendo los derechos humanos.

Podemos seguir ayudando a quien realmente lo necesite.

Pero nunca más a costa de dejar en segundo plano a nuestros propios niños, nuestros mayores y nuestras familias.

Porque el primer compromiso de una asociación de vecinos tiene que ser con sus vecinos.

Y defender al Príncipe también significa saber decir a las administraciones:

Hasta aquí hemos llegado.

Nosotros hemos ayudado.

Ahora hagan ustedes su trabajo.

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