EDITORIAL
Si este es el mensaje de quienes dicen venir a defender la convivencia, quizá deberían empezar por aprender a respetarla
Hay visitas que suman. Y hay visitas que, lejos de aportar serenidad, parecen venir a echar más gasolina al fuego.
Marcos de Quinto, exdiputado de Ciudadanos y una de las caras más visibles de la llamada “armada civil” desplazada a Ceuta, ha dejado una imagen que difícilmente encaja con el discurso de unidad que algunos pretenden vender.
Cerveza en mano y con esa actitud de suficiencia que ya forma parte de su personaje público, De Quinto se permitió referirse a la flotilla que intentó llegar a Gaza para romper el bloqueo impuesto por Israel como “la flotilla ladilla esa”.
Ese es el nivel.
Y quizá convendría que alguien le explicara que Ceuta no es un plató para que determinados personajes vengan a representar sus particulares batallas ideológicas.
Ceuta es mucho más seria que eso.
Es una ciudad plural. Una ciudad donde conviven ciudadanos de distintas culturas, religiones y sensibilidades. Una ciudad que lleva demasiado tiempo soportando discursos que pretenden enfrentar a unos ceutíes contra otros.
Por eso resulta especialmente preocupante que quienes dicen venir a defender a Ceuta utilicen precisamente el lenguaje de la división.
Porque la convivencia no se defiende insultando al que piensa diferente.
La unidad no se construye señalando enemigos.
Y la defensa de Ceuta no necesita convertirse en una cruzada contra una parte de sus ciudadanos.
De Quinto tiene todo el derecho a expresar sus opiniones. Faltaría más. Pero quienes ocupan espacios públicos y acuden a una ciudad como Ceuta con la etiqueta de “defensores” deberían entender que también tienen una responsabilidad.
No todo vale.
Y mucho menos cuando se pretende dar lecciones de convivencia mientras se desprecia públicamente a quienes mantienen posiciones diferentes.
Ceuta no necesita salvadores de fin de semana, ni aristócratas de la provocación, ni personajes que conviertan cada micrófono en una oportunidad para alimentar la confrontación.
Necesita respeto. Necesita responsabilidad. Necesita políticos e invitados que entiendan la complejidad de esta ciudad y que sepan que aquí cada palabra pesa.
Si realmente han venido a defendernos, que empiecen por escucharnos.
Si han venido a unirnos, que dejen de dividirnos.
Y si han venido simplemente a montar un espectáculo político a costa de Ceuta, quizá deberían saber algo:
Los ceutíes no necesitamos que nadie venga a explicarnos cómo convivir. Llevamos décadas haciéndolo.
Lo que necesitamos es que quienes vienen de fuera tengan la inteligencia y la humildad suficientes para no poner en peligro aquello que pretenden defender.
Porque Ceuta no se defiende con chulería.
Ceuta se defiende con respeto.


