Su ausencia en los actos con los Reyes, el encuentro con Abascal y sus críticas a Pedro Sánchez evidencian las tensiones políticas en una cumbre concebida para fomentar el diálogo y la cooperación.
La XXX Cumbre Iberoamericana, celebrada en Madrid, ha vuelto a poner de manifiesto las tensiones de la política actual. Javier Milei no asistió a la inauguración ni a la cena ofrecida por los Reyes, pero sí mantuvo un encuentro con Santiago Abascal, líder de Vox, quien lo presentó como amigo y aliado.
Al día siguiente, Milei saludó cordialmente a Felipe VI, mientras que su encuentro con Pedro Sánchez se limitó a un breve y frío apretón de manos. Días antes había calificado al presidente español de «impresentable dictador».
Durante la cumbre, Milei volvió a cargar contra el socialismo, equiparándolo con el fascismo, en un encuentro concebido precisamente para fomentar el diálogo y la cooperación internacional.
La actitud del presidente argentino también ha puesto de manifiesto distintas posiciones dentro del Partido Popular. Alberto Núñez Feijóo había reclamado respeto al Rey y a España. Isabel Díaz Ayuso, por su parte, ha defendido públicamente al mandatario argentino. Otros dirigentes populares, como Juanma Moreno, García Albiol y Alfonso Rueda, han rechazado sus insultos a Sánchez.
La cuestión trasciende las diferencias ideológicas: ¿debe el respeto institucional depender de quién insulta o de la afinidad política con quien lo hace?
España tampoco es ajena a esta dinámica. Los insultos, las descalificaciones y los señalamientos amenazan con desplazar el debate sobre los problemas reales de los ciudadanos: vivienda, sanidad, educación, empleo, seguridad y convivencia.
El respeto institucional no significa renunciar a cuestionar las decisiones de un Gobierno. Significa comprender que la crítica política no necesita ofensas personales y que los partidos deberían mantener el mismo criterio ante esas conductas, procedan de sus adversarios o de sus aliados.
Porque una democracia no se fortalece gritando más que el contrario, sino defendiendo propuestas, confrontando argumentos y respetando las reglas de convivencia.


