La simbología templaria y la cruz de Borgoña invitan a reflexionar sobre el riesgo de transformar la crisis migratoria en una confrontación religiosa.
Mohamed Ahmed
Me sorprendió encontrar en varios establecimientos de Ceuta figuras de caballeros templarios con espada y escudo, convertidas en imanes, llaveros e insignias. Junto a ellas, banderas con la cruz de Borgoña, también presentes en algunos balcones y manifestaciones, incluida la reciente de Madrid.
Los templarios fueron una orden militar cristiana vinculada a las Cruzadas; la cruz de Borgoña, un emblema histórico de los ejércitos españoles. Pueden ser simples recuerdos o expresiones de identidad, pero ¿qué significado adquieren estos símbolos en la Ceuta de hoy?
Llama también la atención la aparentemente escasa participación musulmana en las manifestaciones, pese a que una mujer musulmana participó en la lectura del manifiesto de Madrid. ¿Por qué una parte de la sociedad ceutí parece mantenerse al margen?
Durante décadas hemos presumido de ser la ciudad de las cuatro culturas. Pero quizá hemos confundido convivencia con verdadera integración. Hemos compartido ciudad mientras persistían barrios, colegios y relaciones sociales frecuentemente separados.
¿Estamos pasando de una guerra metafórica contra los llamados «invasores» a una confrontación entre cristianos y musulmanes?
El peligro sería que el rechazo a los inmigrantes terminara extendiéndose a nuestros propios vecinos por compartir una religión.
Los expedientes pueden cerrarse; las heridas sociales pueden seguir abiertas.
Ceuta no necesita nuevos cruzados ni nuevas cruzadas. Necesita una convivencia que no convierta las diferencias religiosas en fronteras entre vecinos.



