La ciudadanía reclama conocer cómo responderían España y Europa ante una nueva presión fronteriza. Pedro Sánchez: ¿prudencia de Estado o traición a España?
Por PLUTARCO
Hay preguntas que, en Ceuta, no deberían quedar sin respuesta.
Una de las principales preocupaciones que se plantean actualmente en nuestra ciudad es qué ocurriría si volviera a producirse una entrada masiva de personas como la vivida en el pasado.
Más allá del debate político y de las responsabilidades que cada partido quiera atribuir, la pregunta es mucho más concreta: ¿qué protocolo se activaría desde el primer momento?
¿Quién asumiría el mando? ¿Qué efectivos se desplegarían? ¿Cómo se coordinarían las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado con las Fuerzas Armadas? ¿Qué apoyo recibiría Ceuta si una nueva presión fronteriza superara la capacidad ordinaria de la ciudad?
Son cuestiones que afectan directamente a la seguridad y a la tranquilidad de los ceutíes.
Ceuta también es frontera de Europa
Existe, además, una dimensión que no puede ignorarse.
Ceuta es territorio español y frontera exterior de la Unión Europea. Por ello, también cabe preguntarse cuál sería la respuesta de Bruselas ante una nueva emergencia y con qué rapidez podrían movilizarse recursos europeos si la situación volviera a desbordar a la ciudad.
La experiencia demuestra que, cuando una crisis llega, no siempre hay tiempo para improvisar.
Por eso, conocer previamente los mecanismos de respuesta, las responsabilidades de cada administración y los recursos disponibles no debería interpretarse como alarmismo, sino como una cuestión de previsión y responsabilidad institucional.
Marruecos: ¿prudencia o escalada?
La relación con Marruecos constituye otro elemento esencial.
Mantener abiertos los canales de cooperación y evitar una escalada de tensión puede responder a una estrategia de prudencia destinada precisamente a prevenir nuevas presiones sobre la frontera.
Un enfrentamiento total con Marruecos, por el contrario, podría elevar peligrosamente la tensión y generar consecuencias imprevisibles.
Por eso, cualquier propuesta política debería valorar no solamente su impacto inmediato, sino también el riesgo de una escalada que nadie desea y cuyas consecuencias para Ceuta y para España podrían ser muy graves.
En este contexto, algunas propuestas planteadas desde posiciones del PP y Vox reclaman respuestas de máxima firmeza. El debate democrático es legítimo y las diferentes formaciones tienen derecho a defender sus posiciones.
Pero también resulta necesario preguntarse si determinadas medidas, llevadas al extremo, podrían terminar contribuyendo a una escalada innecesaria con Marruecos.
Hablar de guerra es hablar de una cuestión de enorme gravedad y no debería utilizarse como argumento político.
Precisamente por eso, la responsabilidad de cualquier Gobierno y también de cualquier oposición debería ser evitar que una crisis fronteriza pueda transformarse en un conflicto de mayores dimensiones.
Pedro Sánchez: ¿prudencia de Estado o traición a España?
Las acusaciones del PP y Vox contra Pedro Sánchez, a quien han llegado a calificar de «traidor a España» por su política hacia Marruecos, plantean un debate político que corresponde valorar a la ciudadanía.
¿Estamos ante una excesiva complacencia con Rabat?
¿O ante una estrategia de responsabilidad y prudencia destinada a evitar nuevos problemas para España y, especialmente, para Ceuta?
La respuesta dependerá de la posición política y de la interpretación que cada ciudadano haga de las decisiones adoptadas.
Pero existe una cuestión que debería estar por encima de cualquier enfrentamiento partidista:
Si mañana volviera a producirse una entrada masiva, ¿están España y Europa preparadas para responder?
Ceuta necesita certezas, no consignas
Conocer de forma clara quién tomaría las decisiones, qué medios se activarían, qué papel tendría Europa y cómo se mantendrían los canales de comunicación con Marruecos contribuiría a reducir la incertidumbre.
Y, sobre todo, permitiría transmitir tranquilidad a una población que ya ha vivido situaciones extraordinariamente difíciles.
Ceuta no necesita que le aseguren que nada volverá a ocurrir.
Ceuta necesita saber que, si ocurre, existe un plan.
Necesita saber que España defenderá sus intereses, que las instituciones estarán preparadas y que la prudencia política y diplomática servirá para contener una crisis, no para convertirla en algo mucho peor.
Porque la firmeza y la prudencia no tienen por qué ser conceptos enfrentados.
Se puede defender a España, proteger a Ceuta y, al mismo tiempo, trabajar para evitar una escalada.
Esa debería ser, probablemente, la verdadera responsabilidad de Estado.
PLUTARCO
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