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lunes, septiembre 28, 2026
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Se caen las caretas: ¿contra el Gobierno o contra Pérez Triano?

Guerrero ofrece ahora al nuevo delegado una colaboración que durante semanas negó al anterior. El Gobierno sigue siendo el mismo. Entonces, ¿qué ha cambiado?

Hay cambios de opinión que enriquecen la política. Rectificar es legítimo. Tender puentes, también.

Pero cuando se produce un cambio de posición tan rápido después de un relevo institucional, resulta razonable preguntarse qué elementos han cambiado y cuáles permanecen intactos.

Sebastián Guerrero acaba de ofrecer al nuevo delegado del Gobierno su colaboración y la de su grupo parlamentario. Habla de una nueva etapa y de un PSOE dispuesto a ser un «aliado leal».

La cuestión es que hace apenas unas semanas el discurso público de Guerrero y Melchor León era muy diferente. Ambos habían marcado distancias con la dirección socialista y habían criticado al Gobierno de Pedro Sánchez por su gestión de la crisis migratoria.

Melchor León llegó a reclamar públicamente la dimisión de Pérez Triano y cuestionó la actuación del delegado y del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.

Por eso, el relevo en la Delegación plantea una pregunta política legítima: ¿el desacuerdo estaba centrado en las decisiones del Gobierno o también, y de manera especialmente relevante, en la persona que ocupaba la Delegación?

El Gobierno central no ha cambiado. Tampoco lo han hecho, por el mero relevo del delegado, las principales cuestiones que estaban en el centro de la discusión: la política migratoria, los retornos, la gestión de la crisis y la relación entre las distintas administraciones.

Lo que sí ha cambiado es el interlocutor de la Delegación.

Y ahí es donde la evolución del discurso merece ser explicada.

Porque las opiniones pueden cambiar. Se puede rectificar. Se puede pedir colaboración y se puede abrir una nueva etapa.

Pero también es legítimo que los ciudadanos comparen las declaraciones realizadas antes y después de un relevo político y pidan coherencia entre ambas posiciones.

¿Qué defendían entonces y qué defienden ahora?

¿Qué ha provocado el cambio de tono?

¿Ha cambiado la política del Gobierno o únicamente el responsable de la Delegación?

Son preguntas que pueden responderse con declaraciones, documentos y hechos. Y probablemente sea ahí donde deba situarse el debate.

La política necesita discrepancia, pero también necesita explicaciones cuando se producen cambios importantes de posición.

Porque la defensa de Ceuta no debería depender de quién ocupe un despacho determinado. Si una reivindicación se considera necesaria para la ciudad, debería mantenerse con independencia de quién represente al Gobierno central.

Y si el problema estaba específicamente relacionado con la gestión del anterior delegado, también corresponde explicar esa diferencia.

Más allá de las etiquetas de «rebeldía», «unidad» o «lealtad», lo importante es que los ciudadanos puedan conocer qué posiciones mantiene cada representante y por qué.

Las contradicciones políticas no se resuelven ocultándolas. Se explican.

Y en este caso hay una cuestión evidente que merece respuesta: si las circunstancias fundamentales de la política del Gobierno permanecen, ¿por qué el tono político ha cambiado de manera tan significativa tras el relevo en la Delegación?

Esa es una pregunta que corresponde responder a sus protagonistas.

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