Luis Gamero Jarauta
De presidente moderado y negociador a referente del discurso del PP: una transformación que puede acabar volviéndose contra él
Hay momentos en política en los que una estrategia puede proporcionar réditos inmediatos y, al mismo tiempo, poner en riesgo aquello que durante años ha constituido la principal fortaleza de un dirigente.
Juan Vivas puede encontrarse ahora ante uno de esos momentos.
Durante años ha cultivado una imagen de presidente moderado, dialogante y negociador. El llamado presidente de las cuatro culturas, capaz de representar una Ceuta plural y de mantener interlocución con gobiernos de distinto signo político.
Pero la crisis migratoria está modificando esa percepción.
Su discurso se ha endurecido, la confrontación con el Gobierno central ha aumentado y sus posiciones coinciden cada vez más con las de la dirección nacional del PP. La pregunta que empieza a plantearse es inevitable: ¿estamos ante el presidente de Ceuta defendiendo los intereses de los ceutíes o ante un dirigente del PP utilizando la crisis para reforzar el discurso de su partido?
La diferencia es importante.
Nadie puede reprochar a Vivas que reclame más seguridad, más medios, una respuesta eficaz y el retorno de quienes puedan ser retornados legalmente. Es su obligación como presidente.
Lo cuestionable sería convertir una emergencia que preocupa profundamente a los ciudadanos en una herramienta de confrontación política.
Porque Ceuta necesita que su presidente negocie con Madrid, no que rompa puentes con Madrid. Necesita coordinación entre la Ciudad, Delegación del Gobierno, Interior, Exteriores, Marruecos y la Unión Europea.
Y necesita, sobre todo, resultados.
El riesgo de perder su principal activo
La paradoja es que Vivas podría ganar protagonismo dentro del PP mientras pierde algo mucho más valioso en Ceuta: la imagen de presidente transversal y moderado que le permitió mantenerse durante años como referente político de una sociedad compleja.
Si la ciudadanía empieza a percibir que sus declaraciones responden más a la estrategia electoral del PP que a una estrategia propia para resolver la crisis, el cambio de percepción puede ser profundo.
Dejaría de ser el Vivas que negocia con Madrid para convertirse en el Vivas que confronta con Madrid.
Y eso puede tener un coste.
La crisis migratoria no se resolverá con declaraciones cada vez más contundentes. Se resolverá con acuerdos, recursos, procedimientos rápidos y decisiones eficaces.
Bruselas puede respaldar jurídicamente los retornos. El Gobierno debe ejecutarlos cuando proceda. Marruecos debe colaborar. Y la Ciudad Autónoma debe hacer su parte.
Ese es el terreno en el que Vivas debería medir su éxito.
Porque cuando pase la emergencia y bajen los focos, los ciudadanos no recordarán quién hizo la declaración más contundente.
Recordarán quién consiguió soluciones.
Y entonces aparecerá la pregunta que hoy quizá resulte incómoda, pero que mañana puede ser decisiva:
¿Vivas está utilizando su posición para defender a Ceuta o está utilizando la crisis de Ceuta para reforzar al PP?
Si el presidente quiere conservar la imagen que durante años le ha permitido representar a las cuatro culturas, quizá debería recuperar aquello que siempre fue una de sus principales señas de identidad:
menos confrontación partidista y más negociación. Menos estrategia electoral y más resultados.


