Por Iusra Layachi
Han pasado doce días desde la llegada masiva de inmigrantes marroquíes a Ceuta y, sin embargo, la ciudad sigue sin encontrar una respuesta capaz de devolver la normalidad a sus calles y, sobre todo, tranquilidad a sus barrios.
Doce días después, seguimos hablando de personas sin un lugar adecuado donde permanecer, de menores pendientes de atención, de mujeres y familias que necesitan refugio y de vecinos que, especialmente en la periferia, sienten que tienen que afrontar solos una situación que les supera.
En Príncipe Alfonso, Loma Colmenar, Poblado Regulares o Sidi Embarek, los vecinos reclaman más presencia policial, limpieza y recursos. Mientras en algunas zonas de la ciudad se realizan batidas, en la periferia continúa existiendo una sensación de abandono que no debería permitirse.
Y aquí está, para mí, una de las grandes preguntas: ¿qué recursos está poniendo realmente la Ciudad a disposición de esta emergencia?
Porque Ceuta no parte de cero.
La ciudad dispone de instalaciones, servicios municipales, personal, espacios públicos y capacidad logística. Tiene recursos que, ante una situación excepcional, deberían ponerse sobre la mesa y utilizarse de manera coordinada.
No hablo de ocupar propiedades privadas arbitrariamente ni de saltarse la ley. Hablo de buscar soluciones con los recursos que existen y de utilizar aquellos que legalmente puedan ponerse al servicio de una emergencia.
El Tarajal es un ejemplo evidente del debate que debería estar abierto. Existen naves y espacios que merecen ser estudiados como posibles instalaciones provisionales. Si son necesarios acuerdos con propietarios, que se negocien. Si existen mecanismos legales para una utilización temporal en una situación excepcional, que se estudien.
Lo que no parece razonable es que haya personas buscando refugio mientras seguimos sin una solución suficientemente organizada.
La periferia no puede sustituir a la Administración
Lo más preocupante es que parte de la respuesta esté recayendo sobre los propios vecinos.
En algunos barrios se están buscando refugios para mujeres y menores sin recursos suficientes, sin ayudas y con la sensación de que la Administración mira hacia otro lado.
La solidaridad de los ciudadanos honra a Ceuta, pero no puede convertirse en la estructura de emergencia de una ciudad.
Un vecino puede abrir una puerta.
Puede ofrecer comida.
Puede ayudar a una familia.
Pero no puede sustituir a los servicios públicos.
Y mucho menos puede asumir la responsabilidad de atender una emergencia de estas dimensiones.
Si, como se está denunciando, todavía hay menores pendientes de registro o identificación, la situación exige una respuesta inmediata. Un menor no puede quedar perdido entre trámites, falta de recursos y ausencia de coordinación.
Los recursos están para utilizarlos
No podemos pedir a los ciudadanos que sean solidarios y, al mismo tiempo, dejar sin utilizar todos los recursos que una administración tiene a su alcance.
Ceuta tiene que hacer su parte.
El Estado también.
Pero que el Estado deba aportar más recursos no significa que la Ciudad pueda quedarse esperando.
Hay que identificar, registrar, alojar, atender y proteger.
Hay que reforzar los barrios que lo necesitan.
Hay que limpiar.
Hay que garantizar seguridad.
Hay que habilitar espacios.
Y hay que explicar a los ciudadanos qué se está haciendo.
Porque doce días después ya no basta con decir que se está trabajando.
Los vecinos necesitan ver los recursos sobre el terreno.
La periferia no puede seguir siendo el lugar donde terminan los problemas que nadie sabe resolver.
Ceuta tiene recursos. Tiene capacidad. Tiene profesionales. Tiene instalaciones.
Lo que falta, quizá, es poner todo ello en marcha con la rapidez y la decisión que exige una emergencia.
Y mientras las administraciones discuten, los días pasan.
Doce días son demasiados.
Por eso, desde la ciudadanía, solo cabe insistir:
Que actúe ya la Ciudad.


