Tres reflexiones sobre una misma preocupación: que la crisis migratoria termine convirtiéndose en una fractura religiosa, política y social difícil de reparar.
PLUTARCO
La crisis migratoria que vive Ceuta ha puesto de manifiesto problemas que van más allá de la llegada de miles de personas. En tres artículos de opinión hemos querido reflexionar sobre otras consecuencias que pueden resultar especialmente peligrosas para el futuro de nuestra ciudad.
¿Necesita Ceuta nuevos cruzados?
La presencia de simbología templaria y cruces de Borgoña en comercios, balcones y manifestaciones plantea interrogantes sobre el significado que adquieren estos símbolos en el actual clima de tensión.
Su presencia no demuestra intenciones de confrontación, pero invita a reflexionar sobre el riesgo de pasar del rechazo a los llamados «invasores» a una división entre cristianos y musulmanes.
Quizá hemos presumido demasiado de una convivencia entre cuatro culturas que nunca llegó a convertirse en una integración plena.
¿Desde cuándo discrepar es traicionar a Ceuta?
El señalamiento de quienes piensan diferente constituye otra amenaza. El caso del exdelegado del Gobierno, Miguel Ángel Pérez Triano, que denunció hostigamiento hacia él y su familia al anunciar su dimisión, muestra hasta dónde puede llegar la presión personal.
Defender Ceuta no exige pensar todos igual. Discrepar no es traicionar.
¿Qué Ceuta queda detrás de los aplausos?
Juan Vivas, como presidente de todos los ceutíes, tiene una responsabilidad que va más allá de denunciar la crisis y reclamar soluciones al Gobierno central y a Marruecos.
También debe reconocer los avances, explicar sus propuestas y contribuir a preservar la convivencia.
Los aplausos de una manifestación no representan necesariamente a toda la ciudad. También cuentan quienes discrepan, quienes guardan silencio y quienes temen una división entre vecinos.
Una reflexión común
La crisis migratoria podrá superarse. Pero si permitimos que el miedo se transforme en rechazo religioso, que la discrepancia se castigue como traición y que los discursos políticos profundicen las divisiones, las consecuencias podrían permanecer durante generaciones.
Los expedientes pueden cerrarse; las heridas sociales pueden seguir abiertas.
Ceuta necesita soluciones, respeto y serenidad. Porque ninguna crisis debería convertir a sus propios ciudadanos en enemigos.



