PP, Vox y PSOE sitúan la crisis ceutí en el centro de la precampaña del 29-N. ¿Seguirá Ceuta ocupando el mismo lugar en sus prioridades después de las elecciones?
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Ceuta se ha convertido en uno de los escenarios de confrontación política de la precampaña electoral. Las visitas de dirigentes nacionales, las acusaciones cruzadas y las promesas contrastan con problemas que siguen esperando soluciones.
Ceuta entra en la batalla electoral
Alberto Núñez Feijóo ha situado la crisis ceutí entre sus argumentos contra el Gobierno de Pedro Sánchez, prometiendo más seguridad, viviendas y mejoras sanitarias. Juan Vivas también ha vinculado la situación de la ciudad con la necesidad de un cambio político.
Vox endurece su discurso sobre inmigración y expulsiones, mientras el PSOE defiende la gestión del Ejecutivo central y cuestiona la utilización electoral de la crisis.
Ceuta tiene problemas que vienen de lejos
La crisis migratoria no puede ocultar los problemas estructurales que Ceuta arrastra desde hace décadas: el paro, la falta de vivienda, las carencias sanitarias, el fracaso escolar y las desigualdades sociales.
Son cuestiones que afectan diariamente a los ceutíes y que no pueden quedar relegadas por la confrontación electoral. Todos los partidos, tanto quienes gobiernan como quienes aspiran a hacerlo, deben ofrecer respuestas concretas.
Muchas acusaciones, pocas soluciones
Mientras los partidos intercambian reproches, siguen pendientes la resolución de expedientes migratorios, el futuro de los menores acogidos y la recuperación económica de la ciudad.
El Gobierno central debe explicar los retrasos y las medidas adoptadas; el Ejecutivo de Vivas, su gestión dentro de las competencias de la Ciudad; y la oposición, cómo piensa cumplir sus propuestas.
No basta con señalar culpables, prometer soluciones o aprovechar el malestar ciudadano para obtener réditos electorales. Se necesitan compromisos verificables, presupuestos y plazos.
¿Y después de las elecciones?
La atención nacional puede representar una oportunidad para Ceuta, pero también existe el riesgo de que sus problemas se conviertan en simples argumentos de campaña.
Ceuta no necesita competir por el protagonismo en los mítines electorales, sino ocupar un lugar real en las decisiones de gobierno. Las promesas se escuchan durante la campaña; las soluciones deben llegar también después.


