Tres capítulos y seis viñetas resumen la evolución del discurso de Juan Vivas, desde las promesas de expulsiones inmediatas hasta el reconocimiento de los límites legales y las consecuencias para la convivencia.
Ismael Pérez
La crisis migratoria de Ceuta también ha tenido su particular globo político. Un globo que comenzó a inflarse con las manifestaciones, las consignas y las exigencias de expulsiones masivas e inmediatas.






Primer capítulo: el globo se infla. Juan Vivas, presionado por el clima de indignación ciudadana y por las posiciones más duras de su entorno político, endureció su discurso. Las expectativas crecieron, aunque las soluciones prometidas difícilmente podían encajar en los procedimientos legales.
Segundo capítulo: el globo pierde aire. Llegaron los contactos con Bruselas, las reuniones institucionales y la visita del Rey. El mensaje fue imponiéndose: cooperación, coordinación, atención humanitaria y cumplimiento de la ley. Las expulsiones inmediatas y generalizadas dejaron paso a las reclamaciones de mayor agilidad administrativa.
Tercer capítulo: el globo estalla. La contradicción alcanzó también al discurso sobre la convivencia. Vivas, que había defendido la Ceuta de las cuatro culturas y marcado distancias con Vox por sus planteamientos sobre determinados colectivos, se había sumado durante la crisis a posiciones especialmente duras en materia migratoria.
La pregunta que deja esta evolución no es solo cuánto tardó el globo en desinflarse, sino qué consecuencias ha tenido para la convivencia alimentar unas expectativas que no podían cumplirse.
Porque las consignas pueden cambiar, pero sus efectos sobre una ciudad tan pequeña y diversa como Ceuta no desaparecen con la misma facilidad.
Seis viñetas, tres capítulos y una reflexión final: en política, inflar un globo puede ser fácil; controlar lo que sucede cuando estalla, bastante menos.


