El desalojo de los asentamientos situados junto a la planta desalinizadora ha abierto una nueva fase en la gestión de las personas migrantes que permanecen en las calles de Ceuta. El operativo desplegado este domingo por la Policía Nacional, con unos 350 agentes, permitió liberar el entorno de una infraestructura considerada crítica para el abastecimiento de agua de la ciudad.
Pero la principal incógnita ahora es qué ocurre con las personas que han sido desalojadas y hacia dónde se están desplazando.
La principal salida: la zona de la antigua fábrica del Guano
La mayoría de las personas desalojadas de los alrededores de la desalinizadora están siendo reagrupadas en los terrenos de la antigua fábrica del Guano, una explanada situada junto a la zona del Trampolín.
La previsión inicial era trasladar allí a alrededor de 250 personas, mientras se habilitan otros espacios habitacionales. Fuentes policiales confirmaron que ese terreno está funcionando como punto provisional de reagrupamiento.
El traslado no significa, por tanto, que el asentamiento del litoral haya desaparecido completamente. De hecho, parte de las personas que permanecían en la zona optaron por dirigirse hacia los montes al detectar la llegada de los agentes. EFE contabilizó algo más de una treintena que huyeron hacia el monte para evitar el dispositivo.
Un grupo ya ha sido trasladado al recurso del Puerto
Otra parte de los migrantes dispone de plaza en el recurso provisional de acogida habilitado en el Muelle de Poniente del Puerto de Ceuta.
Durante el desalojo de Benítez, alrededor de 50 personas fueron trasladadas directamente hasta este recurso, según la información publicada sobre el operativo.
El campamento portuario ya había comenzado a recibir a personas procedentes de los asentamientos del Trampolín y Benítez durante la operación del 18 de septiembre. En aquella ocasión, el acceso se realizó de forma escalonada y bajo control policial.
Trampolín y Benítez siguen siendo el gran foco
El desalojo de la zona de la desalinizadora no ha supuesto el final de los asentamientos del litoral.
Las playas del Trampolín y Benítez continúan concentrando a un número importante de migrantes, mientras las administraciones trabajan en nuevos espacios y en la disponibilidad de plazas.
La situación se plantea ahora como una cadena: liberar espacios ocupados, encontrar plazas de acogida, realizar nuevos traslados y, paralelamente, avanzar en los retornos que permitan disponer de capacidad para nuevas reubicaciones.
¿Y qué pasa con quienes no quieren trasladarse?
El operativo de la desalinizadora también ha mostrado otra realidad: no todas las personas aceptan inicialmente el traslado al punto indicado.
Algunos migrantes abandonaron la zona hacia el monte cuando comenzó el dispositivo policial. La Policía había acudido con intérpretes para comunicar que iban a ser trasladados y el desplazamiento de quienes aceptaron se desarrolló sin incidentes relevantes.
La Ciudad, además, ha comenzado a limpiar el área desalojada y prepara un vallado perimetral para impedir que vuelvan a instalarse asentamientos junto a la desalinizadora.
Un problema que cambia de lugar
El desalojo de la desalinizadora resuelve la ocupación de un espacio concreto, pero no elimina el problema de las personas que continúan sin alojamiento estable.
El siguiente escenario se encuentra ahora entre Guano, el Puerto, Trampolín y Benítez, a la espera de que se habiliten nuevas plazas y de que continúen los traslados desde los asentamientos.
La cuestión que queda abierta para las próximas semanas es si la Administración conseguirá transformar estos movimientos provisionales en una solución estable que permita vaciar progresivamente las playas y otros espacios ocupados.



