Juan José Contreras
Ceuta atraviesa una de las situaciones más difíciles de las últimas décadas. La crisis migratoria ha puesto de manifiesto graves carencias en prevención, vigilancia, medios y capacidad de respuesta, pero también ha abierto un debate incómodo: ¿dónde termina la incompetencia y empieza la intencionalidad?
Ceuta atraviesa una situación extraordinariamente difícil. Lo más preocupante no es únicamente la presencia de miles de personas que han accedido irregularmente a la ciudad violentando la soberanía nacional, sino la sensación de abandono que se ha instalado entre buena parte de los ceutíes ante la desidia y la falta de respuesta de las administraciones responsables.
No hablo de percepciones, sino de hechos. Ambas administraciones parecen encontrarse en una situación de K.O. técnico ante el caos reinante. Y los ciudadanos sabemos distinguir cuándo no se actúa por intencionalidad —caso de Pedro Sánchez, según la percepción de muchos ceutíes— y cuándo no se interviene por incompetencia.
Pero toda afirmación debe ir acompañada de argumentos y no quedarse en simples palabras.
Mayo de 2021: cuando sí hubo capacidad de reacción
No hace falta remontarse demasiado en el tiempo. Basta recordar cómo actuó esta misma Administración —con minúscula, a propósito— en mayo de 2021.
Los días 17 y 18 ya existían campamentos improvisados para atender la situación creada. Ante lo que el autor considera el “buenismo inoperante” de Cruz Roja, que quedó fuera de la organización por su falta de colaboración, el día 18 ya se encontraba en Ceuta el SAMUR y se habían habilitado varios campamentos.
Los resultados estuvieron a la vista.
A quienes habían entrado se les dio de comer, dispusieron de un lugar donde dormir y recibieron atención sanitaria en los propios campamentos. No tenían que hacer sus necesidades en cualquier rincón de la ciudad.
Las instalaciones se montaron fuera del casco urbano y los trámites administrativos se realizaron allí mismo, evitando esa marea diaria de personas desplazándose hasta la Comisaría de Policía del centro.
La comparación con la situación actual resulta inevitable.
Querer, saber y poder
Como siempre he sostenido, nuestros representantes deben reunir tres condiciones cuando se enfrentan a cualquier problema:
QUERER resolverlo.
SABER resolverlo.
PODER resolverlo.
Durante demasiado tiempo, aquí ni se ha sabido ni se ha querido resolver los problemas, pudiendo haberlo hecho. Todo ha quedado reducido, en demasiadas ocasiones, a la compensación económica que llegaba de Madrid.
Ahora nos encontramos con las consecuencias inevitables de esa forma de actuar: graves problemas de convivencia, salubridad y seguridad derivados de una situación de enorme gravedad.
También es justo reconocer a quienes, en aquel momento, sí reunieron dos de las condiciones que hoy parecen faltar a nuestros representantes locales: quisieron y supieron, mientras los dejaron actuar.
Su máxima representante terminó, en opinión del autor, “autoinmolándose” en aras de la cómoda e injusta permanencia de su jefe. Justo es reconocer también que aquella actuación contó con la colaboración de la entonces delegada del Gobierno, posteriormente condenada.
Del silencio a las reclamaciones
Resulta difícil escuchar ahora, casi a diario, a quienes aparecen en televisión reclamando, cada vez con mayor énfasis, que el Estado adopte medidas para subsanar lo ocurrido, cuando durante años se han negado hasta en tres ocasiones a solicitar la prolongación de los espigones fronterizos y han respaldado la política de menores del Gobierno de Pedro Sánchez, incluso contradiciendo la defendida por el propio partido al que pertenecen.
A ello se suma el silencio ante la falta de medios de la Guardia Civil.
En plena crisis ha contado con tres embarcaciones, dos de ellas averiadas. Tampoco puede ignorarse la pasividad mostrada ante el Ministerio del Interior frente a los continuos aplazamientos de la construcción de la nueva Comandancia de la Guardia Civil, pese a que los trabajos de demolición de las antiguas instalaciones se ejecutaron en abril de 2008, disponiendo del solar desde entonces.
Que las embarcaciones de la Guardia Civil tengan que salir del muelle de Pescadores, en la bahía norte, cruzar el foso y navegar unos tres kilómetros hasta alcanzar los espigones fronterizos obliga, cuando menos, a preguntarse por qué no disponen de un embarcadero adecuado junto a la frontera.
Lo mismo ocurre con el cuartel previsto para la Policía Nacional en los terrenos de la Hípica. Han transcurrido más de diez años desde la firma del acuerdo y el Cuerpo continúa sin disponer de unas instalaciones acordes con sus necesidades.
¿Medios o falta de voluntad?
También resulta difícil de entender que los ciudadanos tengamos que escuchar en un canal de televisión nacional de gran audiencia que Marruecos va a instalar hidrantes en su parte fronteriza para rechazar los asaltos a la valla.
Ya en 2017 se propuso al entonces ministro del Interior del PP, Juan Ignacio Zoido, un ambicioso plan para reforzar la frontera. Hoy, la pregunta es inevitable: ¿vamos a terminar pagando a Marruecos para que instale allí las medidas que nosotros seguimos sin tener mientras nuestros agentes continúan contando con medios claramente insuficientes?
He citado estas deficiencias porque son aquellas en las que, en mayor o menor medida, existe también responsabilidad del Gobierno local.
No se puede pasar del mundo de “Yupi” a responsabilizar por completo al Gobierno de la Nación de todos nuestros males.
Hasta aquí, la incompetencia.
Y ahora, la intencionalidad
Ahora llegamos a la intencionalidad que muchos ceutíes percibimos en la actuación de Pedro Sánchez y su Gobierno.
Me resulta difícil creer que, existiendo empresas capaces de levantar en cualquier lugar del mundo campamentos para miles de personas y hacerlo en condiciones adversas, el Gobierno de España sea incapaz de proporcionar, en una ciudad de las dimensiones de Ceuta, los medios materiales y humanos necesarios para afrontar una situación excepcional.
Si faltan medios, proporciónense.
Si faltan policías, guardias civiles o militares, refuércense temporalmente las plantillas.
Si las Fuerzas Armadas deben colaborar, determínese claramente cuál es su misión y dóteselas de los medios necesarios para cumplirla sin convertirlas en “mano de obra barata”.
Existe, además, un problema estructural que llevamos demasiado tiempo ignorando.
Policías nacionales, guardias civiles y militares necesitan instalaciones dignas, alojamiento y condiciones que favorezcan su permanencia en Ceuta.
Actualmente, buena parte del personal destinado en la ciudad mantiene su residencia familiar en Algeciras, llega en el primer barco para prestar servicio y regresa a la Península cuando termina su jornada.
Así es muy difícil generar arraigo.
Cuando la incapacidad deja de ser una explicación
Por eso, cuando se afirma que faltan medios, conviene preguntarse si realmente faltan o si, sencillamente, no ha existido suficiente interés en proporcionarlos.
Cuando una situación excepcional se prolonga y el Estado dispone de capacidad suficiente para afrontarla, la explicación de la incapacidad empieza a resultar difícil de sostener.
Y es entonces cuando aparecen términos mucho más graves:
INTENCIONALIDAD.
Y si a ello añadimos la extraña e intolerable sumisión ante Marruecos, la pregunta resulta inevitable.
No pretendo conocer la respuesta.
Tampoco afirmo disponer de información que permita demostrar una voluntad deliberada de mantener esta situación.
Pero quienes gobiernan tienen la obligación de evitar que sus actos —y, sobre todo, sus omisiones— conduzcan a los ciudadanos a plantearse determinadas preguntas.
Porque una cosa es equivocarse.
Otra, carecer de medios.
Y otra muy distinta es disponer de ellos y no utilizarlos mientras el problema continúa agravándose.
Ceuta no puede acostumbrarse al abandono
Ceuta no puede acostumbrarse al abandono ni aceptar que lo extraordinario termine convirtiéndose en cotidiano.
Después de semanas contemplando cómo fallan simultáneamente la prevención, la vigilancia, los medios y la reacción, seguimos teniendo derecho a formular una pregunta incómoda:
¿DÓNDE TERMINA LA INCOMPETENCIA Y EMPIEZA LA INTENCIONALIDAD?
No tengo la respuesta.
Pero quienes nos gobiernan deberían procurar que los ciudadanos nunca tuviéramos razones para planteárnosla.


