La amplia oferta de titulaciones y la influencia creciente de la Inteligencia Artificial incrementan la incertidumbre entre los jóvenes, mientras los expertos advierten sobre el riesgo de abandono si se escoge carrera solamente por las oportunidades laborales.
MADRID.– Las pruebas de acceso a la universidad (PAU) han finalizado en toda España y miles de estudiantes esperan con ansiedad sus resultados. No obstante, conseguir la nota de corte representa solo el inicio de una decisión más compleja: seleccionar la carrera universitaria. En un entorno laboral en constante cambio, la elección entre seguir la vocación o buscar la empleabilidad se ha convertido en un tema de debate en los centros educativos. A pesar de la clara diferencia salarial y estabilidad que ofrecen las carreras técnicas, cerca del 58% de los estudiantes declara que elegirá su grado basándose en su vocación personal.
De acuerdo con un amplio estudio de la consultora Círculo Formación realizado a 15.000 alumnos en el Salón de Orientación Universitaria UNITOUR, solo un 28% de los jóvenes pondrá por delante las oportunidades laborales frente a sus preferencias. Esta desconexión se refleja en datos oficiales del Ministerio de Innovación, Ciencia y Universidades: la rama de Ciencias Sociales y Jurídicas sigue siendo la más popular entre los nuevos matriculados, liderada por Administración y Dirección de Empresas (ADE), Derecho, Psicología y Educación Primaria. En contraposición, las carreras de Ciencias tradicionales alcanzan únicamente poco más del 6% de las inscripciones, mientras Ingeniería y Arquitectura rondan el 20%.
La relevancia del salario y la realidad sobre la empleabilidad
La inclinación hacia las letras y las ciencias sociales se encuentra en tensión con la realidad económica que describe la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD). Su informe reciente muestra que los sectores informático, industrial, sanitario y de ingeniería ofrecen una estabilidad laboral destacada, con más del 80% de afiliación constante a la Seguridad Social y hasta un 95% de contratos permanentes.
La diferencia de ingresos también es significativa, con sueldos medios cercanos a los 40.000 euros brutos anuales en ramas tecnológicas y sanitarias, frente a sectores como Artes y Humanidades, que presentan mayor parcialidad, una afiliación del 64% y salarios por debajo de los 27.000 euros. Sin embargo, un estudio de la fundación Funcas apunta que el impacto del salario esperado en la decisión académica es limitado: un aumento del 10% en la remuneración proyectada incrementa apenas un 6% las preinscripciones. La valoración personal, habilidades percibidas y la vocación mantienen un peso predominante.
La paradoja en las aulas: La Fundación CYD señala un desequilibrio preocupante: carreras con una inserción laboral deficiente, como Educación o Deportes, experimentan un crecimiento en matrículas, mientras que disciplinas como Ingeniería o Economía registran pérdidas en número de alumnos.
Tomar decisiones en un contexto cada vez más complejo
La incertidumbre prevalece entre los jóvenes: el 40% del alumnado considera varias opciones y un 13% reconoce estar completamente desconcertado. Laia Lluch, profesora de Psicología y Ciencias de la Educación en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), señala que esta situación no refleja falta de madurez, sino la complejidad actual. «A los 17 años, el cerebro todavía está en desarrollo para tomar decisiones, y ahora deben elegir entre una amplia variedad de dobles grados, programas internacionales y carreras relacionadas con la Inteligencia Artificial», comenta.
Lluch advierte que «tomar una decisión exclusivamente basada en la empleabilidad sin considerar las capacidades e intereses personales puede aumentar las tasas de abandono universitario». Esta visión coincide con el Foro Económico Mundial, cuyo informe Future of Jobs señala que para 2030 el 39% de las competencias demandadas cambiarán, ocasionando la desaparición de 92 millones de empleos y la creación de 170 millones de nuevos puestos ligados a la digitalización, el cloud computing y la ciberseguridad. Frente a este escenario en constante evolución, economistas como Aitor Lacuesta (Banco de España) proponen explorar modelos de financiación universitaria que tengan en cuenta la capacidad de las universidades para adaptar su oferta académica a las necesidades del mercado laboral.



