Madrid. La reciente reelección de Juanma Moreno en Andalucía marca el cierre definitivo del ciclo electoral autonómico que comenzó a finales de 2025 y abarcó Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía. Este escenario consolidado ofrece una conclusión clara: la derecha gana peso, aunque el PP ha tenido que incluir a Vox en todos estos gobiernos regionales. Frente a esta situación, la dirección nacional de Alberto Núñez Feijóo y los líderes populares han optado por abandonar el enfrentamiento directo y adoptar una estrategia pragmática, buscando neutralizar el impacto rupturista de Santiago Abascal mediante la gestión institucional.
El «abrazo del oso»: La administración como freno para el voto antisistema
Varias autoridades autonómicas y miembros del equipo de Génova coinciden en el análisis: la responsabilidad diaria en el gobierno absorbe y desgasta. Al asumir cargos ejecutivos, los de Abascal pierden su principal argumento electoral, que es cuestionar el sistema de partidos y canalizar el descontento ciudadano.
- Cese de ataques directos: Desde el entorno de Feijóo subrayan que la agresividad verbal de Vox ha disminuido notablemente. «Ya no pueden contestarnos como antes. Están en los gobiernos y deberán defender las decisiones adoptadas conjuntamente», aseguran fuentes parlamentarias.
- La voluntad popular: Los líderes populares reconocen que la coalición refleja «lo que ha decidido el electorado» al no otorgarles mayorías absolutas, por lo que consideran lógico que Vox tenga que involucrarse en la gestión diaria y demostrar su capacidad real para gobernar.
Andalucía establece el nuevo marco de coalición
El ejemplo más evidente de este cambio se ha visto en la Junta de Andalucía. Juanma Moreno fue investido con los 53 votos del PP y los 15 de Vox— el respaldo más amplio en la historia de la comunidad— aceptando la entrada obligada del líder andaluz de Vox, Manuel Gavira, como vicepresidente con competencias en Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Local.
A pesar de que Moreno calificó en campaña algunas propuestas de Vox como «lemas vacíos», el pragmatismo prevaleció para evitar un bloqueo político. Desde el entorno del presidente andaluz se asegura con firmeza que la incorporación de su socio no implicará una ruptura ideológica:
«Juanma seguirá gobernando y demostrará que nada cambiará; no se ha cruzado ni se cruzará ninguna línea roja de nuestros valores».
Génova considera normalizados los pactos con Vox
El PP considera superada la discusión y el coste electoral que anteriormente implicaba aliarse con la formación de Abascal. En la dirección nacional creen que el electorado de centroderecha ya ha aceptado estas coaliciones y mantienen que, actualmente, «quien realmente preocupa al votante es Pedro Sánchez y no Vox».
Para evitar conflictos o problemas de gobernabilidad, el equipo de Feijóo confía en el «documento marco» que elaboraron a nivel estatal para ordenar los pactos de coalición. Este acuerdo establece un marco claro, garantiza estabilidad para cuatro años y orienta las propuestas de Vox hacia la estricta legalidad. Por ejemplo, en cuanto a la llamada por Vox «prioridad nacional», el PP rechaza cualquier aplicación discriminatoria basada en el origen, pero acepta jurídicamente medidas relacionadas con incentivos vinculados a los años de empadronamiento en el territorio.



