La posible desaparición del Ribera Navarra por una presunta trama de amaños y desvío de fondos abre otra vía administrativa para que el club caballa evite un descenso ganado en la pista
Redacción | Ceuta | 15 de junio de 2026
La Unión África Ceutí vuelve a aferrarse a una circunstancia ajena para intentar conservar una categoría que perdió deportivamente hace apenas unas semanas. El penúltimo puesto conseguido por el conjunto caballa en Segunda División condenó al equipo al descenso, pero una nueva carambola administrativa podría acabar dejando al club en la categoría de plata.
La posible desaparición del Ribera Navarra, cuya cúpula está siendo investigada por una presunta trama de amaño de partidos y desvío de fondos, ha reactivado la esperanza en el entorno del Ceutí. Paradójicamente, la principal noticia positiva para el club ceutí no llega desde la pista, ni desde la planificación deportiva, ni desde un proyecto de cantera, sino desde los problemas judiciales y económicos de otra entidad.
Y esa realidad dice mucho de la situación actual del club.
Dos años esperando el fracaso de otros
No se trata de un hecho aislado.
La temporada pasada, la UA Ceutí ya evitó el descenso gracias a una cadena de renuncias y movimientos administrativos provocados por la situación de otros clubes. Entonces se habló de una oportunidad extraordinaria.
Un año después, el guion se repite.
El equipo vuelve a terminar en puestos de descenso y vuelve a mirar hacia los despachos esperando un rescate.
La pregunta es inevitable:
¿Puede considerarse serio un proyecto deportivo cuya supervivencia depende de las desgracias ajenas durante dos temporadas consecutivas?
Porque la permanencia administrativa puede ser legal y estar contemplada por la normativa federativa. Lo que resulta mucho más discutible es que un club termine convirtiendo esas excepciones en su única expectativa de futuro.
Una fuerte inversión y el mismo resultado
La decepción deportiva resulta aún mayor si se tiene en cuenta el esfuerzo económico realizado esta temporada.
El club apostó por una plantilla confeccionada para competir con mayores aspiraciones, realizó una importante inversión y llegó a ilusionar a la afición durante varios tramos del campeonato.
Sin embargo, cuatro derrotas consecutivas en el momento decisivo de la temporada terminaron condenando al equipo al penúltimo puesto.
La realidad es incontestable:
la inversión no se tradujo en resultados.
Y, pese a ello, el debate en torno al club vuelve a centrarse en cómo permanecer en la categoría por la vía administrativa y no en por qué se ha vuelto a fracasar deportivamente.
El caso Ribera Navarra
Según la información conocida en las últimas horas, el presidente del Ribera Navarra, Ramón Lázaro, está siendo investigado por una presunta trama relacionada con el intento de amaño de partidos y el supuesto desvío de fondos de los clubes que dirigía hacia inversiones inmobiliarias y criptomonedas.
La investigación podría comprometer seriamente la viabilidad de la entidad navarra y desembocar en su desaparición.
De producirse esa circunstancia, se abriría una nueva vacante en la competición que podría terminar beneficiando al conjunto ceutí.
La situación resulta tan insólita como incómoda:
la principal esperanza del Ceutí pasa por la caída de otro club y no por sus propios méritos deportivos.
Las preguntas que siguen sin respuesta
Más allá de la normativa y de las posibles carambolas federativas, el caso vuelve a poner el foco sobre la gestión de la entidad ceutí.
Dos descensos consecutivos evitados o susceptibles de evitarse por causas externas obligan a plantear preguntas incómodas:
- ¿Existe un proyecto deportivo sólido?
- ¿Qué responsabilidades se han asumido por los resultados obtenidos?
- ¿Qué explicación se ofrece a la afición después de dos temporadas dependiendo de circunstancias ajenas?
- ¿Qué retorno obtiene la ciudad de un proyecto que no consigue consolidarse deportivamente?
Y, sobre todo:
¿Cuánto dinero público se ha destinado a una entidad que, por segundo año consecutivo, no logra mantenerse por méritos propios?
Un modelo agotado
La posible permanencia administrativa puede acabar salvando la categoría, pero difícilmente salvará el debate de fondo.
Porque la cuestión ya no es si la UA Ceutí tiene derecho reglamentario a ocupar una vacante.
La cuestión es otra:
¿Qué dice de la gestión de un club que su mayor esperanza cada verano sea la desaparición, la renuncia o los problemas de otros equipos?
El fútbol sala español puede ofrecer una segunda oportunidad.
La afición ceutí, en cambio, tiene derecho a exigir algo más que eso: un proyecto capaz de mantenerse por sí mismo, ganar en la pista y dejar de depender, temporada tras temporada, de los milagros de los despachos.



