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domingo, mayo 31, 2026
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La temporada en la que el fútbol descubrió Ceuta

La AD Ceuta firmó una permanencia brillante, pero su mayor victoria fue lograr que toda España mirara hacia una ciudad única.

Hay temporadas que se disfrutan. Y hay temporadas que dejan huella. Esta ha sido, sin duda, de las segundas.

Cuando comenzó el curso, pocos aficionados en la Península sabían ubicar Ceuta en el mapa. Para muchos era apenas un nombre asociado a titulares recurrentes sobre frontera, migración o geopolítica. Sin embargo, el fútbol tiene una capacidad extraordinaria para transformar percepciones, derribar prejuicios y contar historias diferentes.

Esta temporada, la AD Ceuta FC consiguió precisamente eso: obligó al fútbol español a mirar hacia el norte de África y descubrir que detrás de ese punto aparentemente remoto existe una ciudad con alma, identidad propia, una historia fascinante y una afición que merece ser admirada.

Tuve el privilegio de vivirlo desde dentro. Y hay imágenes que sé que me acompañarán siempre.

A pie de pista en Tetuán

El fútbol suele regalar momentos que nadie podría planificar. Mi escena favorita de esta temporada no ocurrió en un estadio ni después de un gol decisivo. Ocurrió en el aeropuerto de Tetuán.

Allí, a pie de pista, junto al director del aeropuerto y al comisario, esperaba cada semana la llegada de los equipos de LaLiga Hypermotion que viajaban para enfrentarse a la AD Ceuta.

Mientras los motores se apagaban y las escalerillas se acercaban al avión, comenzaba una de las experiencias más singulares que ofrece hoy el fútbol profesional español.

Había algo casi surrealista en aquella imagen: futbolistas profesionales, entrenadores, delegados y cuerpos técnicos descendiendo en una pista marroquí para, apenas unos kilómetros después, cruzar una frontera internacional y disputar un partido oficial en una ciudad española situada en África.

No existe nada parecido en ninguna otra competición del mundo.

Y yo tenía el privilegio de ser una de las primeras personas en recibirlos.

Aquellos minutos terminaron convirtiéndose en uno de mis momentos favoritos de cada jornada. La llegada, los primeros saludos, las conversaciones improvisadas y la mezcla de cansancio y curiosidad reflejada en los rostros de quienes visitaban Ceuta por primera vez.

Algunos mostraban sorpresa. Otros ya habían inmortalizado el paisaje desde la ventanilla del avión. Todos, sin excepción, terminaban llevándose una historia que contar.

Porque el viaje a Ceuta comenzaba mucho antes del pitido inicial.

Llegar aquí no es comparable a desplazarse a Valladolid, Burgos, Elche o Zaragoza. No existe una conexión convencional. No hay AVE, ni grandes autovías de acceso, ni un aeropuerto comercial que absorba el tráfico habitual del fútbol profesional.

Cada club tuvo que diseñar esta temporada su propia logística. Algunos eligieron la ruta de Tetuán; otros optaron por el ferry desde Algeciras; varios combinaron ambas opciones según horarios y disponibilidad.

Lo extraordinario es que ninguno de esos desplazamientos resultó una carga. Al contrario. Quienes descubrieron la vía de Tetuán comprobaron que se trata de una alternativa cómoda, eficiente y dotada de un atractivo que ningún otro viaje del fútbol español puede ofrecer.

Mi deseo, compartido por muchos de los que hemos vivido esta experiencia desde dentro, es que en el futuro sea la propia LaLiga quien coordine y facilite esta operativa. Lo que esta temporada ha funcionado gracias al esfuerzo y la voluntad de muchas personas puede convertirse en un modelo organizativo ejemplar.

Una ciudad diferente a todas las demás

Ceuta no se parece a ninguna otra sede del fútbol profesional español.

Con apenas 85.000 habitantes, situada en la costa norteafricana, conectada con la Península a través del mar y separada de Marruecos por una frontera terrestre, su singularidad va mucho más allá de la geografía.

Es una ciudad donde conviven culturas, tradiciones e identidades diversas. Una tierra marcada por siglos de historia y por una personalidad propia que la distingue de cualquier otro rincón del país.

Durante meses, las retransmisiones televisivas mostraron el Alfonso Murube, pero también el Paseo de las Palmeras, el Foso Real, el casco histórico, el puerto y la frontera.

Los grandes medios nacionales encontraron en la AD Ceuta una historia demasiado poderosa para ignorarla. Y no fueron los únicos.

La singularidad geográfica de la ciudad, la complejidad logística de los desplazamientos y el relato deportivo de un club modesto compitiendo con solvencia en el fútbol profesional despertaron el interés de medios nacionales e internacionales.

Las redes sociales hicieron el resto.

Las imágenes del estadio junto al mar, la convivencia cultural en las gradas y los aficionados que cruzaban diariamente desde el entorno fronterizo para animar al equipo ofrecieron una postal única dentro del panorama futbolístico español.

Durante unos meses, Ceuta dejó de ser noticia por su condición fronteriza para convertirse en noticia por su fútbol.

Y eso tiene un valor enorme.

El Alfonso Murube, un estadio con personalidad propia

Hablar del Alfonso Murube es hablar de uno de los escenarios más singulares del fútbol español.

Pocos estadios pueden presumir de una ubicación semejante. Pocos ofrecen una atmósfera tan particular.

Aquí el Mediterráneo forma parte del paisaje. Aquí el viento del Estrecho condiciona partidos. Aquí cada encuentro se vive con la intensidad de quien sabe que representa mucho más que noventa minutos.

Quizá no tenga la capacidad de los grandes coliseos del país ni el volumen de algunos estadios históricos. Pero posee algo que muchos recintos modernos han ido perdiendo con el tiempo: autenticidad.

Los equipos que visitaron Ceuta esta temporada descubrieron un ambiente cercano, apasionado y profundamente comprometido con sus colores.

Y eso también forma parte de la identidad de esta ciudad.

Un cierre a la altura del camino recorrido

La temporada merecía un final especial. Y lo tuvo.

La AD Ceuta cerró su histórica participación en LaLiga Hypermotion con una victoria por 1-0 frente al Albacete, en una tarde cargada de emociones.

El gol llegó en el minuto 17 y llevó la firma de quien mejor simboliza el crecimiento competitivo del equipo: Marcos Fernández.

Su decimocuarto tanto de la temporada confirmó lo que ya era una evidencia desde hacía meses. Ha sido la gran referencia ofensiva del conjunto caballa y uno de los nombres propios de la categoría.

Pero aquel partido fue mucho más que una victoria.

También sirvió para rendir homenaje a futbolistas que podrían haber disputado sus últimos minutos con la camiseta blanca. Las ovaciones dedicadas a Rubén Díez, Youness o Koné reflejaron el agradecimiento sincero de una afición consciente de lo que había vivido.

Los números ayudan a explicar el éxito: 61 puntos, una permanencia conseguida con solvencia y el respeto ganado en todos los campos de la categoría.

Pero la verdadera dimensión de esta temporada va mucho más allá de las estadísticas.

La AD Ceuta demostró que podía competir de igual a igual con clubes históricos del fútbol español. Que no había llegado al fútbol profesional únicamente para participar. Había llegado para quedarse.

Gracias

Al cerrar esta temporada histórica siento, sobre todo, gratitud.

Gracias a la AD Ceuta FC por hacer posible esta aventura y por conseguir que el fútbol español mirara hacia esta ciudad con otros ojos.

Gracias a la Real Federación de Fútbol de Ceuta por el trabajo silencioso que sostiene gran parte de lo que ocurre detrás de cada partido.

Gracias a la Delegación del Gobierno por comprender la importancia institucional y simbólica que supone albergar fútbol profesional en una ciudad tan singular como la nuestra.

Gracias al Gobierno de Ceuta por su firme apuesta por el deporte en general y por el fútbol en particular. Su compromiso con el desarrollo deportivo de la ciudad ha sido clave para impulsar proyectos que generan ilusión, oportunidades y orgullo colectivo.

Gracias al consejero de Turismo por su dedicación para que todos los equipos, profesionales, periodistas y visitantes que han llegado a Ceuta durante esta temporada pudieran conocer la verdadera esencia de nuestra ciudad. Su empeño por mostrar cada rincón, cada paisaje, cada espacio histórico y cada singularidad de Ceuta ha permitido que muchos se marchen con una imagen inolvidable de nuestra tierra.

Gracias a las autoridades españolas y marroquíes por la coordinación constante que permitió que cada desplazamiento se desarrollara con normalidad y eficacia.

Gracias al director del aeropuerto de Tetuán y al comisario por su cercanía, su generosidad y su ayuda permanente. Aquellas recepciones a pie de pista quedarán para siempre entre mis mejores recuerdos de esta temporada.

Y gracias, especialmente, a los delegados de todos los clubes que visitaron Ceuta durante este año. Ellos son quienes resuelven problemas cuando nadie los ve. Quienes facilitan cada desplazamiento, cada llegada y cada detalle que permite que todo funcione.

Porque una temporada como esta no se construye únicamente sobre el césped. También se construye gracias al trabajo silencioso de instituciones, profesionales y personas que entienden que representar a Ceuta es una responsabilidad y un orgullo compartido.

Ceuta no es un destino sencillo.

Y precisamente por eso es un destino imposible de olvidar.

Hasta la próxima.

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