El número tres de Vox por Madrid reivindica su pertenencia a una orden templaria y vuelve a acusar a Abdellah Mustafa de dar cobertura a los migrantes. Sus declaraciones reabren el debate sobre los símbolos históricos, el discurso político y la convivencia en Ceuta.
Los templarios han vuelto a la actualidad ceutí, esta vez no a través de los muñecos, insignias y recuerdos que se comercializan en algunos establecimientos, sino de la mano de un dirigente político.
Juan Sergio Redondo, portavoz de Vox en Ceuta y número tres de Santiago Abascal por Madrid, reconoce en una entrevista publicada hoy por EL ESPAÑOL su pertenencia a la Orden Soberana y Militar del Temple (OSMTH), una asociación contemporánea de carácter histórico y espiritual en la que ha ejercido como cronista.
Redondo reivindica esa vinculación como parte de sus convicciones personales y su formación como historiador. Una pertenencia legítima que, sin embargo, adquiere una dimensión pública cuando quien la reivindica es un representante político de una ciudad marcada por su diversidad cultural y religiosa.
El problema no es pertenecer a una orden templaria ni vender un muñeco que represente a un cruzado. La cuestión es qué significado adquieren esos símbolos cuando coinciden con discursos políticos que presentan la inmigración como una invasión y cuestionan a quienes prestan ayuda humanitaria.
En la entrevista, Redondo vuelve a señalar a Abdellah Mustafa, presidente de la asociación vecinal de Sidi Embarek y candidato socialista al Senado, al que acusa de haber dado cobertura a quienes denomina invasores. Se trata de una acusación que el reportaje no acompaña de pruebas que permitan acreditar esa interpretación de su actividad.
El dirigente de Vox también defiende levantar un muro físico en la frontera y endurecer la posición política frente a Marruecos, al que responsabiliza de las entradas masivas de migrantes.
Ceuta tiene derecho a defender sus fronteras, exigir seguridad y reclamar respuestas a la crisis migratoria. Pero ese debate no debería convertir la asistencia humanitaria en motivo de sospecha ni confundir las responsabilidades individuales con la pertenencia a una comunidad.
La historia puede estudiarse, recordarse y representarse. Lo que merece una reflexión es su utilización en el presente, especialmente cuando los símbolos evocan enfrentamientos religiosos que una sociedad plural necesita mantener en el pasado.
Porque Ceuta no necesita nuevos cruzados ni nuevos enemigos interiores. Necesita respuestas políticas y convivencia entre sus vecinos.


