PLUTARCO
La Ciudad tardó en movilizar sus propios recursos mientras vecinos de Príncipe, Reina, Sidi Embarek y Poblado Regulares se organizaron para atender a menores
Por Karim Mohamed Mohamed
La crisis que retrata a un Gobierno
Hay crisis que ponen a prueba a los Gobiernos.
Y hay crisis que directamente los retratan.
Lo ocurrido en Ceuta durante los últimos días pertenece, a juicio de quien firma, a la segunda categoría.
Cuando una ciudad afronta una emergencia de estas dimensiones, no basta con convocar reuniones, realizar declaraciones, señalar al Gobierno de España o aparecer en actos institucionales.
Hay que gobernar.
Y gobernar significa movilizar recursos, activar competencias, abrir instalaciones, reforzar servicios y estar allí donde está el problema.
La pregunta que queda después de estos días es sencilla:
¿Dónde estuvo realmente el Gobierno de Juan Vivas cuando Ceuta más necesitaba a su Administración?
Los recursos de Ceuta también tenían que estar sobre la mesa
El Gobierno de la Ciudad dispone de competencias, presupuesto, personal, instalaciones y recursos propios.
Sin embargo, una de las principales críticas que deja esta crisis es que esos medios no fueron puestos desde el primer momento a disposición de una respuesta extraordinaria y coordinada.
Según las críticas y testimonios que han trascendido, la Ciudad recurrió apenas dos días después a contratos menores, principalmente para actuaciones relacionadas con la limpieza.
Pero una crisis de esta magnitud necesitaba mucho más que limpieza.
Necesitaba acogida, atención social, logística, instalaciones, personal, coordinación y protección.
Especialmente cuando hablamos de menores.
No se puede esperar a que llegue Madrid para empezar a actuar.
Si los recursos son insuficientes, se reclaman.
Si las instalaciones no bastan, se solicitan.
Si falta financiación, se exige.
Pero los recursos propios deben ponerse primero encima de la mesa.
Los vecinos terminaron dando la respuesta
Y aquí aparece uno de los aspectos más preocupantes de esta crisis.
Mientras las administraciones discutían responsabilidades, fueron los propios vecinos quienes se organizaron.
En barrios como Príncipe Alfonso, Reina, Sidi Embarek y Poblado Regulares, ciudadanos y familias se movilizaron para atender a niñas y menores, improvisando espacios de refugio y proporcionando ayuda con sus propios medios.
Vecinos sin presupuesto público.
Sin técnicos.
Sin servicios especializados.
Sin estructura administrativa.
Personas que simplemente decidieron actuar porque había menores que necesitaban ayuda.
La solidaridad de los vecinos honra a Ceuta. Que tengan que sustituir a las instituciones debería preocuparnos a todos.
Un vecino puede ayudar.
Una asociación puede colaborar.
Una entidad religiosa puede abrir sus puertas.
Pero un menor no puede depender de que una familia tenga espacio en su casa o de que un barrio tenga que improvisar un refugio.
La protección de los menores requiere Administración, medios, profesionales y responsabilidad.
Mientras tanto, la política se convirtió en enfrentamiento
En lugar de centrar todos los esfuerzos en la emergencia, la crisis terminó derivando también en una batalla política entre administraciones.
Especialmente llamativo fue el ataque al delegado del Gobierno, Miguel Ángel Pérez Triano, por su ausencia en determinados actos institucionales.
Sin embargo, hay una circunstancia que no debería olvidarse:
el delegado decidió continuar trabajando en la gestión de la crisis.
Se podrá cuestionar su gestión.
Se podrá exigir explicaciones.
Se podrá discrepar de sus decisiones.
Pero utilizar su ausencia de una ceremonia como arma política mientras estaba dedicado a la gestión de una emergencia parece una forma bastante pobre de afrontar el debate.
Y aquí surge una pregunta incómoda:
¿No habría sido más responsable que las propias instituciones redujeran también su agenda institucional durante los momentos más críticos?
La emergencia exigía prioridades.
Ceuta no necesitaba una fotografía de unidad
La concentración convocada durante la crisis debía representar precisamente eso: unidad.
Pero terminó convirtiéndose, a juicio de quien firma, en otro escenario de confrontación política.
Mientras se hablaba de unidad, se lanzaban ataques contra otras administraciones.
Mientras se pedía responsabilidad, se mantenía parte de la agenda institucional.
Y mientras se reclamaban recursos al Estado, los ciudadanos seguían preguntándose qué recursos propios estaba movilizando la Ciudad.
Eso no es la unidad que Ceuta necesitaba.
La ciudad necesitaba gestión conjunta, coordinación y respuestas.
Vivas tiene que responder
Juan Vivas lleva años al frente del Gobierno de Ceuta.
No puede presentarse permanentemente como un espectador de los problemas de la ciudad.
Tiene competencias.
Tiene presupuesto.
Tiene una Administración.
Y tiene responsabilidades.
El Gobierno de España debe asumir las suyas.
Pero el Gobierno de Ceuta también.
No todo puede ser Madrid.
No todo puede ser la Delegación del Gobierno.
No todo puede ser Marruecos.
Porque cuando las cámaras se apagan y los discursos terminan, hay una Administración autonómica que tiene que responder ante sus ciudadanos.
Y esa Administración tiene nombre y apellidos:
Gobierno de Juan Vivas.
Gobernar es estar cuando más hace falta
Las crisis no se gestionan desde los comunicados.
No se gestionan desde las fotografías.
No se gestionan buscando culpables.
Se gestionan con recursos.
Con decisiones.
Con coordinación.
Con responsabilidad.
Y, sobre todo, estando presentes.
Por eso la pregunta seguirá encima de la mesa:
¿Dónde estuvo el Gobierno de Vivas cuando los vecinos de Ceuta tuvieron que organizarse para atender a menores y suplir, con sus propios medios, las carencias de una respuesta institucional?
Ceuta ha demostrado que sabe responder.
Sus vecinos han demostrado solidaridad, humanidad y capacidad de reacción.
Ahora le corresponde a su Gobierno demostrar que también sabe gobernar en tiempos de crisis.
Porque cuando una ciudad está al límite,
no basta con estar en el Gobierno. Hay que ejercerlo.


