El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes de Ceuta (CETI) es actualmente uno de los principales puntos de tensión en la crisis migratoria. Diseñado para albergar 512 plazas, el centro acoge en este momento a aproximadamente 700 personas, mientras que cerca de un millar permanece en las inmediaciones esperando poder acceder, a menudo sin disponer de alimentos, agua, calzado ni ropa adecuada.
La situación alrededor del CETI de Ceuta se está complicando tras la masiva llegada de migrantes en los últimos días. Cientos de personas que cruzaron desde Marruecos aguardan su turno para ingresar en unas instalaciones que ya superan su capacidad.
La Policía Nacional mantiene un dispositivo de vigilancia externo para prevenir incidentes. En la noche previa, los agentes tuvieron que actuar ante un intento de entrada forzada por parte de personas desesperadas por obtener alimentos, agua y un lugar para descansar.
Fuentes policiales advierten sobre la posibilidad de que se repitan situaciones tensas si no se liberan espacios y si siguen aumentando las necesidades básicas. La sequedad, el hambre, el cansancio y la incertidumbre generan creciente nerviosismo entre quienes permanecen fuera del centro.
El acceso a la zona se ha vuelto más dificultoso. El CETI está ubicado en las afueras de Ceuta y los taxistas evitan acercarse incluso hasta el perímetro resguardado por policías y militares, por lo que muchas personas deben recorrer el trayecto a pie.
En los alrededores de la playa de Benítez, próxima al centro, decenas de migrantes descansan bajo la sombra de los árboles. Entre ellos se encuentran sudaneses, palestinos, yemeníes y marroquíes que han optado por quedarse en Ceuta, a pesar de que muchos de sus compatriotas ya han regresado a Marruecos.
Otros grupos se han asentado en los montes cercanos, donde han levantado campamentos improvisados para protegerse durante la noche al aire libre. Las personas que esperan ingreso reciben un número y deben aguardar hasta que se liberen plazas por los traslados que se realizan desde el CETI a la Península.
Según los datos disponibles, al menos un millar de personas permanece en las inmediaciones del centro en condiciones adversas. Muchas presentan heridas, signos de deshidratación y agotamiento. Algunas siguen sin calzado y solo llevan el bañador con el que cruzaron a nado desde la costa marroquí.
La mayoría son hombres jóvenes y se observa escasa presencia femenina. Además de sus necesidades elementales, enfrentan la falta de información sobre su situación, pues muchos desconocen cuánto tiempo permanecerán fuera ni qué procedimiento se aplicará en su caso.
Un migrante identificado como Zacarías manifestó que llevaba tres días sin poder comprar alimentos, a pesar de contar con algunos ahorros. El joven, originario de Casablanca, señaló que tardó unos 20 minutos en bordear el espigón para llegar a territorio español y que emprendió el viaje con la esperanza de mejorar su vida.
Mientras la desesperación crece entre los migrantes, los vecinos de las zonas próximas al CETI expresan preocupación por los asentamientos y demandan mayor vigilancia. Algunos residentes indican que nunca habían presenciado una concentración de esta magnitud en las inmediaciones del centro.
Durante la noche, varios grupos encienden pequeñas hogueras para mitigar el frío. Esta práctica genera alarma entre los vecinos por el riesgo de que el fuego se extienda al monte, especialmente en una temporada marcada por altas temperaturas y peligro de incendios.
Las autoridades mantienen desplegados en Ceuta cerca de 3.000 efectivos, entre miembros de las Fuerzas Armadas, Policía Nacional y Guardia Civil. El dispositivo continuará activo el tiempo necesario para asegurar la seguridad y controlar la situación.
La ciudad ha incrementado de 696 a 1.042 el número de agentes de Policía Nacional y Guardia Civil. Además, se han movilizado alrededor de 2.000 militares para apoyar las labores de seguridad y atención.
La saturación del CETI extiende una crisis que aún no se ha solucionado. Mientras se liberan plazas y avanzan los procesos de traslado o retorno, cientos de personas permanecen a la intemperie en condiciones que aumentan el riesgo de futuros incidentes.



